| Rivelino | |
| Tentaciones del pasado. Por: Jorge Pech Casanova, enero 2008 De poder a poder . Por: Jaime Casillas-Ugarte, 2007 Una muestra de arte que expone el mundo de Rivelino. Por: Alfonso Bullé Goyri , 2006 Rivelino. Por Macario Matus , 2004 LAS "TENTACIONES" DE RIVELINO. Jorge Alberto MANRIQUE, 2003 |
Tentaciones del pasado Por: Jorge Pech Casanova, enero 2008 La materialidad del mundo es desplazada por sus representaciones virtuales en muchas culturas. Ese proceso se entiende como “desarrollo”, si bien nos conduce a un entorno dominado por presencias efímeras, que absorben la atención pese a su falta de sustancia. En el fondo permanece el fundamento de lo palpable, lo que tiene peso, olor y sabor ineludibles para nuestros sentidos, además de forma. La escultura parece un vestigio de épocas perdidas en las culturas virtuales. Contra los requisitos de la tardomodernidad, sus manifestaciones ocupan un sitio en el espacio que no puede ser invadido por fantasmas de lo nuevo. La cualidad que tienen ciertas obras de perdurar con independencia de la voluntad humana, recibe una constatación gracias a los volúmenes de la escultura. El artista jalisciense Rivelino nació en 1973, cuando lo virtual comenzaba a dominar nuestra existencia. Desde sus veinte años de edad, el escultor estableció una línea operativa cuya evolución puede comprobarse, luego de tres lustros, en las piezas que conforman esta muestra. ¿La nostalgia de lo sagrado es una tentación que corresponde a tiempos pretéritos? Acaso lo confirmen estas obras escultóricas que combinan tres arcaicos materiales –arcilla, bronce, acero– para dialogar con dioses extraviados y con primigenios instrumentos de la humanidad. Las reminiscencias inscritas en la serie Cartas al pasado aluden a herramientas, objetos de la naturaleza y partes de animales trabajados por ingenios pioneros, mientras que las efigies agrupadas con los títulos Especificaciones del interior y Guardianes nos remiten al culto de las divinidades tutelares. Otras piezas, como las que se nombran Primera palabra del silencio y Respuestas interiores, son más herméticas en cuanto a sus referentes iconográficos pero transparentan su intención ritual. Son acaso las piezas que mejor evidencian su fundamento en una percepción llena de fervor por la zona mistérica de la existencia, pues su elocuencia abandona las formulaciones reconocibles e instala en medio de las certezas un enigma fundamental. No se puede conectar con el misterio sino mediante un lenguaje que enuncia otro mundo. Una de las primeras esculturas magistrales que conocemos es la de Gudea, quien gobernó la ciudad sumeria de Lagash 2,200 años antes de nuestra era. Fue tallada en negra diorita y, además de la figura del ensi o rey, ostenta signos cuneiformes que declaran la nombradía del personaje. Esa escritura enaltece, sobre todo, la piedad y la religiosidad del gobernante. Desde entonces, y seguramente desde antes, las esculturas cumplían una función que rebasaba la pura representación formal; eran emblema y talismán para aproximarse a lo sagrado mediante efigies de lo perecedero. Otro tipo de virtualidad (y de virtud) emanaba de esos volúmenes esculpidos en piedra, barro o metal. El arte de Rivelino conecta con esos antiquísimos modelos. También con los ritos domésticos de la cultura latina, en que cada casa alojaba a sus lares, penates y manes, deidades que resguardaban el hogar, la familia. En muchas otras culturas –y las originarias de lo que hoy llamamos América no fueron la excepción– estas advocaciones simbolizadas por piezas escultóricas eran una constante de la vida cotidiana. Aún conservamos el nombre del dios al que fue consagrada la estatua del rey Gudea: Ningishzzida. De otros dioses hemos extraviado los apelativos, pero nos quedan sus efigies. De todas ellas se desprende un hálito de eternidad. El remanente de una conexión sagrada también emana de la obra escultórica de Rivelino. A su modo, el artista establece un ritual para dialogar con dioses extraviados en sus figuras de guardianes, personajes y objetos elevados a la dignidad de emblemas. Los materiales con que éstos fueron moldeados también nos Las tentaciones del pasado son incitantes, quizá porque son una forma duradera del presente, o acaso porque residen en una dimensión cuyo tiempo no caduca ni se pierde. ¿De qué dimensión se trata? En el metal de estas esculturas parece resonar una respuesta: la eternidad. |
| Tentaciones del pasado. Por: Jorge Pech Casanova, enero 2008 De poder a poder . Por: Jaime Casillas-Ugarte, 2007 Una muestra de arte que expone el mundo de Rivelino. Por: Alfonso Bullé Goyri , 2006 Rivelino. Por Macario Matus , 2004 LAS "TENTACIONES" DE RIVELINO. Jorge Alberto MANRIQUE, 2003 |
De poder a poder Por: Jaime Casillas-Ugarte, 2007 Nada, en la historia de la humanidad, ha sido más poderoso que el arte. Nadie ha podido jamás, captar más miradas que una obra maestra. Objetos más humanos que muchos humanos, territorios minúsculos donde todo es posible, objetos con más alma que muchas personas. El infinito se desdobla al interior de un simple cuadro. Ahí están colgados en casas, en museos, en edificios públicos, sólo para recordarnos que cuando ya no estemos, el arte hablará por nosotros. ¿Qué dirán de Rivelino? El suyo es un lenguaje que habla con los tiempos. Empieza en un profundo México, lleno de símbolos, de cantos naturales, de rituales. La gran mayoría de su obra hizo del barro una aventura, donde este sustrato milenario, adquirió variadas formas. Se irguió en figura humana, en semillas vegetales, fue animal y conjuro. También visiones sensuales y tabla de lamentos. Sirvió de marco, de entorno, de límite para otras aventuras, pero siempre fue el terreno para que una imaginación fértil creara dramas y poesía. Transitando de la pintura a la escultura y logrando un maridaje perfecto entre estos dos medios, Rivelino impulsó un arte original, podríamos decir único, donde el cuadro adquiere tres dimensiones y la escultura cuelga de paredes. Ahora toda la batería de su mundo de imágenes, se enfoca a revolucionar los metales. Su más recientes obras, que por cierto han sido un verdadero acontecimiento, se desarrollan en un medio diferente. Acero, bronce, metales varios, son ahora el lienzo que soporta una faceta nueva. Por supuesto que ha implicado un riesgo. Un riesgo calculado a través de los años de trabajo, de la experiencia, de conocer a un público al que ha cautivado. El resultado es una interesante apuesta donde no abandona del todo su lenguaje, pero que al transmutar a otros territorios, adquieren un refinamiento, sin perder expresividad y dramatismo. Pasa con Rivelino dos cosas que parecen alejadas, pero que inevitablemente se entrelazan en un sólo punto. Por una parte lo que el nuevo medio le añade a la obra y por el otro, el proceso de adaptación que ha tenido que operar en el interior del artista, para lograr su objetivo. La nueva obra ganó en fuerza, en potencia, en compromiso. El metal y su gravitación han proporcionado seriedad, reflexión, pero también ha convertido a algunas de sus piezas en verdaderas armas, en polos que despiden fuerza. Hay electricidad en su trazo, resplandor en sus tonos, contundencia en sus proporciones. Ante esto, el artista ha optado por minimizar el efecto dejando los cuadros prácticamente desnudos. En este nuevo sustento su lenguaje ha abandonado el lienzo y se ha aplicado a cuenta gotas. El artista teme que el cuadro tenga tanta potencia, que logre un efecto repelente, que agreda cuando quiere seducir, o que apabulle cuando sólo pretendía herir. En el nuevo medio adivinamos una contención. Sentimos a un artista refinado y sincero que no quiere abrumarnos, que gusta de lo que hace, de lo que expresa, y que ya no tiene que demostrarlo. En el nuevo medio adivinamos una liberación. Rivelino sabe del poder del arte, pero ante este opone el poder de la verdad y de la sencillez, o más bien, de la verdad que solo tiene la sencillez. Son acaso las piezas que mejor evidencian su fundamento en una percepción llena de fervor por la zona mistérica de la existencia, pues su elocuencia abandona las formulaciones reconocibles e instala en medio de las certezas un enigma fundamental. No se puede conectar con el misterio sino mediante un lenguaje que enuncia otro mundo. Una de las primeras esculturas magistrales que conocemos es la de Gudea, quien gobernó la ciudad sumeria de Lagash 2,200 años antes de nuestra era. Fue tallada en negra diorita y, además de la figura del ensi o rey, ostenta signos cuneiformes que declaran la nombradía del personaje. Esa escritura enaltece, sobre todo, la piedad y la religiosidad del gobernante. Desde entonces, y seguramente desde antes, las esculturas cumplían una función que rebasaba la pura representación formal; eran emblema y talismán para aproximarse a lo sagrado mediante efigies de lo perecedero. Otro tipo de virtualidad (y de virtud) emanaba de esos volúmenes esculpidos en piedra, barro o metal. El arte de Rivelino conecta con esos antiquísimos modelos. También con los ritos domésticos de la cultura latina, en que cada casa alojaba a sus lares, penates y manes, deidades que resguardaban el hogar, la familia. En muchas otras culturas –y las originarias de lo que hoy llamamos América no fueron la excepción– estas advocaciones simbolizadas por piezas escultóricas eran una constante de la vida cotidiana. Aún conservamos el nombre del dios al que fue consagrada la estatua del rey Gudea: Ningishzzida. De otros dioses hemos extraviado los apelativos, pero nos quedan sus efigies. De todas ellas se desprende un hálito de eternidad. El remanente de una conexión sagrada también emana de la obra escultórica de Rivelino. A su modo, el artista establece un ritual para dialogar con dioses extraviados en sus figuras de guardianes, personajes y objetos elevados a la dignidad de emblemas. Los materiales con que éstos fueron moldeados también nos Las tentaciones del pasado son incitantes, quizá porque son una forma duradera del presente, o acaso porque residen en una dimensión cuyo tiempo no caduca ni se pierde. ¿De qué dimensión se trata? En el metal de estas esculturas parece resonar una respuesta: la eternidad. |
| Tentaciones del pasado. Por: Jorge Pech Casanova, enero 2008 De poder a poder . Por: Jaime Casillas-Ugarte, 2007 Una muestra de arte que expone el mundo de Rivelino. Por: Alfonso Bullé Goyri , 2006 Rivelino. Por Macario Matus , 2004 LAS "TENTACIONES" DE RIVELINO. Jorge Alberto MANRIQUE, 2003 |
Una muestra de arte que expone el mundo de Rivelino Por: Alfonso Bullé Goyri El pintor sirve a la pintura y aparentemente la pintura no sirve para nada. Maurice Blanchot Para hablar de arte , dice Paul Valéry, hay que pedir disculpas. Más aún cuando se intenta examinar y se pretende ofrecer criterios, digamos objetivos, acerca de la obra de un artista que se encuentra en una febril y consistente producción. Entonces el análisis se hace más y más difícil y comprometedor. Sin embargo no hay peor cosa que no arriesgarse e incursionar en la obra de un artista que por lo menos nos mantiene en un estado de exaltación. En efecto, Rivelino constata la afirmación precedente con esta excepcional exposición donde nos ofrece una muestra muy representativa de sus trabajos más recientes. En el espléndido espacio que alberga la obra, podemos recorrer varias etapas del proceso creativo de este joven artista que, en más de un sentido, ha llegado prematuramente a la madurez. Para comenzar Rivelino nos da que pensar al poner a consideración del espectador —como lo hace un inventor de ilusiones, como lo hace un maestro que nos conduce a enigmáticos espacios— un conjunto de “pinturas” —como él gusta llamar a estas obras— a las que ya nos tiene acostumbrado. Son un conjunto de trabajos, montados sobre bastidores de hierro a modo de soporte, sobre los que aplica una pasta de tenues tonos ocres y que al secarse ofrece al observador una textura tersa. Asimismo, en estas piezas la composición integra una serie de pequeñas losetas de cerámica esgrafiadas combinando así dos materiales muy distintos para dar un resultado plástico sugerente. Pero no sólo eso, Rivelino eventualmente añade estructuras de hierro, material de desperdicio, que en el conjunto del espacio “pictórico” constituyen elementos decisivos para la armonización del conjunto. Habría que añadir esa obsesión que manifiesta por el esgrafiado y el uso de elementos escriturales complementados con objetos que dan la impresión de caparazones de tortugas. En ocasiones, amplía su discurso plástico con pequeñas mascaras embozadas, colocadas en pequeños nichos desde donde vigilan inhiestas, como atisbos ritualizados, a los espectadores y que, como un plus adicional, le confieren a la totalidad de la “pintura” un cierto carácter arcaico. A esto más o menos nos tiene acostumbrado Rivelino. Pero, como se dijo en líneas arriba, en la muestra que nos propone los alcances son mayores, más ambiciosos. Nos ofrece también un conjunto muy sugestivo de biombos de dos vistas a los que ha incorporado cilindros y estructuras de hierro, obras de enorme plasticidad que se añaden al lenguaje de un artista en permanente búsqueda, siempre preocupado por descubrir en las texturas que idea una rica confrontación dialéctica por cuanto combina de un modo por lo demás extraordinario elementos toscos y fríos con suaves componentes cálidos. Los resultados quedan a la vista y llaman la atención del espectador que encuentra en estas obras una posibilidad de entrar a un mundo profundo, genuino, rico y matizado como es el de Rivelino. Es interesante destacar la serie de esculturas que expone Rivelino en esta muestra. Sorprende encontramos desde obras completamente figurativas, hasta esculturas absolutamente abstractas. Me refiero, en primer lugar a la serie de guardianes, realizados en barro de alta temperatura, con engobes y esgrafiados tanto al frente como en la parte posterior. Estas esculturas son de una presencia sorprendente. Parece representaciones de centinelas en permanente vigilia, atentos e imperturbables, que no se distraen, que siempre miran fijos la distancia desde una altura infinita y que con su severa apariencia evocan la función de protección y el sentido litúrgico de los guardias que protegen el acceso a algún vetusto centro ceremonial. Pero también, Rivelino nos trae una escultura abstracta, valga la expresión. Es una obra de mediano formato, compuesta por dos cilindros de hierro, dos especies de rotores que forman parte de una gran máquina imaginaria. Esta escultura es de una belleza deslumbrante. La técnica de Rivelino, de combinar el metal con las tierras y la pasta, en esta escultura se logra a la perfección. El exterior frío, paradójicamente envuelve la calidez de la pasta y de los mosaicos de barro muy texturizados. La obra, hay que insistir, es una composición de alto diseño que evoca los mecanismos para la generación de electricidad pero que, gracias a la mano del artista, los despoja de su utilidad práctica para liberarlos y exhibir así la geometría perfecta de la rueda, una de las formas que desde la antigüedad sugiere la unidad, la totalidad y el movimiento. Finalmente, Rivelino nos sorprende con un conjunto hermosísimo de máscaras de bronces en rojo. Son caras de personajes, análogas a la de los guardianes, pero cubiertas por un bozal largo, que cubre prácticamente todo el cuerpo. Estas piezas presentan elementos escriturales que dicen nada y todo. Lo que esconden lo exhiben, lo que impiden, lo aprueban, dicen mucho estos textos “a-textuales”, nos ilustran y niegan a la vez el significado de la palabra escrita y por el hecho de estar expuestos al frente del bozal, conjuran el silencio al que es condenado el hombre que los porta. Estas sorprendentes piezas complementan una de las exposiciones más atractivas que haya montado Rivelino en toda su carrera profesional. Para concluir, parafraseando a Paul Celan diremos que el arte no se impone, se expone. Exponerse es dejar que las cosas se pongan a la luz del día, permitirles su visualización, dejarlas para la observación, para la apreciación y el placer de los sentidos. Gracias a la exhibición de las obras, uno puede penetrar en el mundo de quien expone y sólo entonces es posible entrar en el genio de quien concibe la obra. |
| Tentaciones del pasado. Por: Jorge Pech Casanova, enero 2008 De poder a poder . Por: Jaime Casillas-Ugarte, 2007 Una muestra de arte que expone el mundo de Rivelino. Por: Alfonso Bullé Goyri , 2006 Rivelino. Por Macario Matus , 2004 LAS "TENTACIONES" DE RIVELINO. Jorge Alberto MANRIQUE, 2003 |
Rivelino Por Macario Matus Desde hace más de una década, Rivelino indaga, experimenta, redescubre lo táctil y visual del pasado mesoamericano y universal, y la propia introspección. Emplea los más disímbolos, sofisticados, renovables, elegantes, soportes materiales, el barro genésico transformado en cerámica de alta o baja temperatura, piedra o en sus estados naturales o trabajados en la alquimia inédita, hierro, bronce, papel, hoja da oro, plástico, resina, óxidos miles de su cosecha personal, materia orgánica, semillas, capullos, camisas y corsetes de tortuga y armadillos imposibles. El conjunto técnico de lo imaginativo también, simboliza la evolución pictórica del hombre mismo, desde su aparición en el planeta Tierra: su génesis, lucha, resistencia, desarrollo, existencia, subsistencia, sobrevivencia e inmortalidad. En paráfrasis, la personalidad intima del artista que se atreve, como ahora Rivelino, a desnudar su alma ante el veedor anónimo. La propuesta inicial continua cultivándose en creación prodiga, obra multifacética, polifónica, polivalente de significados, contenidos, composición y coloridos nuevos de gamas cromáticas. Esta novedad plástica aun no se ha clasificado ni se ha petrificado dentro de las categorías del arte actual. Es una simbiosis que embona lo antiguo y el presente con visión hacia el provenir, frente a lo imaginativo pictórico. Va mas allá de la bidimensionalidad, aéreo elusivo sin dejar de ser palpable dentro de lo invisible. Incluso es olfativa, por el aroma que emanan los elementos naturales inmersos en piezas incrustadas en los aparentes nichos sagrados, atrapados en fortalezas férreas. Se percibe en lo formal físico de la manufactura benedictina, de la confección, confesión, confusión, identificación olvidada, fusión imbricación pasión y todos lo iones que faltan, el espíritu del aporte de lo indígena frente a lo forastero. Algo así como de lo barroco impreso en los códices, lienzos, estelas, títulos primordiales, tablillas y retablos, en cuyas almas dobles aun persisten, ante los ojos de la eternidad indiana y lo provechoso europeo. Es un homenaje que esta obra rinde al pasado, que es hoy y mañana. No hay oído, solo admiración, amor, fecundación, germinación, renovación de lo vació, invención de aquello transcurrido, ido, vuelto a la vez, en un tiempo finito e irreversible, de allá, acá y lo porvenir; expresado ética y estéticamente por un ser creativo de enorme singularidad. |
| Tentaciones del pasado. Por: Jorge Pech Casanova, enero 2008 De poder a poder . Por: Jaime Casillas-Ugarte, 2007 Una muestra de arte que expone el mundo de Rivelino. Por: Alfonso Bullé Goyri , 2006 Rivelino. Por Macario Matus , 2004 LAS "TENTACIONES" DE RIVELINO. Jorge Alberto MANRIQUE, 2003 |
LAS "TENTACIONES" DE RIVELINO El artista Rivelino se aventura por caminos intrincados: sus piezas de cerámica, se presentan en series de tableros y con aplicaciones, superficies matizadas, que incluyen a veces unas cabecitas extrañas. Jorge Alberto MANRIQUE |
|
Webmaster: Olivier Reynaud . . . . . . . |