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| TRINI |

 

Texto de Luis Carlos Emerich / Texto de Issa Ma, Benítez Dueñas

D E C S O N E S
A pesar de la aparente literalidad del título que reúne esta serie de pinturas de Trini, es necesario reconocer que ese juicio también está por decidirse Si bien el acto de pintar es siempre el resultado de una serie de decisiones precisas y encadenadas, lo que más sorprende en el trabajo de Trini es la decisión que genera esta cadena, la decisión fundamental de pintar.
En este sentido, cada una de estas piezas es un recordatorio de la función estratégica que puede tener la práctica pictórica cuando se plantea, ella misma, de forma abierta El hecho de que la base conceptual de este grupo de pinturas sea precisamente una re~exión sobre la acción de decidir es un fuerte argumento en este sentido Las pinturas de Trini no son sólo manifestaciones de la decisión de pintar de la artista, sino que se estructuran ellas mismas como piezas irresueltas que exigen del espectador la responsabilidad de la interpretación El trabajo de Trini siempre ha utilizado el ilusionismo como una estrategia para introducir al observador en su juego-pienso en todas esas escenas callejeras que se expanden siempre sobre el espacio que hay entre el lienzo y el espectador, es decir, no es tanto que la pintura nos jale hacia adentro, como que ella misma se proyecta hacia afuera- , sin
embargo en este caso parece suspender esa proyección que en efecto no está plenamente decidida en Aplazar la escena es inquietante por indefinida.
No cabe duda de que nos encontramos de pie sobre el brillante asfalto, pero ese posicionamiento es tan precano como la camioneta que no termina ¿de frenar o de arrancar?, ¿va a tomar alguno de los caminos que se abren enfrente? Nada aquí es seguro
La disyuntiva -conceptual y figurativa- es la constante que unifica esta serie de pinturas Todas ellas abren los caminos hacia adentro y hacia afuera del lienzo en Predecidido la elección ya se ha hecho, en Redecidido un súbito cambio de parecer se presenta para el otro como una molestia, una interrupción de su propio movimiento Entonces una decisión del otro se vuelve para uno un accidente que a su vez nos obliga a reaccionar, a continuar la cadena de las decisiones Es así importante tomar en cuenta la capacidad de la pintora para congelar, suspender literalmente estos momentos de decisión, tal es el caso de Detener Esta suspensión dentro de la que como espectadores fortuitos nos vemos irremediablemente atrapados nos alude directamente en Decisiones Cruzadas De la misma manera que en Aplazar, pero probablemente con mayor claridad, el cuadro abre un amplio crucero que se extiende hasta el lugar desde el que miramos al hombre detenido en el proceso de decidir, también el, hacia donde dirigirse ¿nos espera a nosotros, o nosotros a él? Unión trata sobre esos momentos fortuitos que parecen darse para facilitarnos las decisiones, del mismo modo que Suave tiene que ver con el dejarse fluir, con la decisión de no tomar ninguna decisión
A pesar de los temas localizados de cada uno de estos cuadros, todos parecen situarse precisamente entre la decisión como voluntad y el azar con el que inevitablemente tenemos que contar, Plásticamente la pintura misma, y especialmente la que propone Trini, es elocuente en este sentido ni la fijeza de la fotografía -o de la pintura hiperrealista- , ni el azar y el descontrol de una pintura más expresionista o de un arte estrictamente procesual.
Precisamente la apuesta de Trini es por una pintura que cuando está a punto de congelar la representación recupera la fluidez y el movimiento
Recuperación fundamental del tiempo entendido como el transcurir, el pasar que no puede ser fijado, que sólo puede decidirse de una vez por todas al precio de fragmentario La referencia de Gerhard Richter es inminente, pero habrá que pensar en un antecedente incluso más lejano, pues fue Velázquez quien ya planteaba este problema fundamental de la pintura en Las Meninas (1656), para resolver la temporalidad de manera magistral en Las Hilanderas (c 1657) Esta pintura que en el ~ujo parece desdibujarse, más allá de un estilo, es el resultado de la capacidad del pintor para reconocer los límites de su tarea y desde ahí trascenderlos De ahí la importancia de la decisión que Trini ha tomado continuar la tradición pictórica justamente por su imposibilidad, precisamente porque cada pintura es una nueva decisión, del que crea y del que la observa Porque la pintura puede ser una obra abierta


Issa Ma, Benítez Dueñas Ciudad de México, mayo 1999

Texto de Luis Carlos Emerich / Texto de Issa Ma, Benítez Dueñas

TRINI, LUZ

La matización de la luz-color que esfuma la imagen y torna extraño, lejano y a veces insólito hasta el motivo más ordinario, ha sido una constante en la pintura de Trini.
Aunque su propósito pudiera consistir en desvanecer los límites entre los estatus de la pintura y la fotografía, su intensidad anímica induce a pensar que la necesidad de retener un recuerdo evasivo o la impresión emocional de una imagen potenciada por su fugacidad, seguirá siendo una necesidad humana tan imperiosa y ciertamente más remunerante que cualquier intento de intelectualizarla.

De allí que la percepción de la realidad física en las pinturas de Trini sea la del instante de exposición a su potencial simbólico, y que su figuración actœe como un mero andamiaje para la reconstrucción mental de signos o señales de lo que pasó velozmente ante los ojos y sólo dejó un rastro de la luz en la memoria cuyo desciframiento intenta en cada cuadro.

Consciente de que el arte de pintar bien lo visto y lo vivido no trascendería a ese instante, Trini ha tomado como tema central su visión de los procesos de modernización cuya velocidad se resiente más en aquellos países en que se estancaron. Por ello, sus imágenes brumosas y desafocadas no sólo se suspenden en el tiempo, sino que enrarecen la fusión de los signos del pasado con la vida presente, dilatando el concepto de distancia entre los contextos contemplativo y reflexivo, hacía el de la memoria anímica (que bien puede ser histórica), tocando el poético, que bien puede ser filosófico.

Trasladando al horizonte conceptual los valores de la pericia factual y de la sensibilidad del tratamiento figurativo, Trini explora diversos continentes: la infancia, como un pasaje irrecuperable pero reinterpretable una y otra vez; el viaje, como una experiencia revelatoria de la otredad, hasta realidades políticas que extraviaron el humanismo entre la rigidez dogmática. Así, los paisajes urbanos, o mejor dicho, los pasajes vitales como captados por la visión periférica, son, de hecho, comprobaciones furtivas de la existencia de la dualidad vida y percepción; mientras el tiempo hace decaer a seres y cosas, el arte es capaz de interrumpirlo y fijarlo. El fenómeno que hace esto posible es omnipresente y siempre distinto; la luz en su infinita flexibilidad.

Las pinturas de Trini son miradas congeladas, esfuerzos por recordar el instante en que todo se desvaneció,
en que la luz y el movimiento revelaron el ser, antes que las apariencias, de los ámbitos y las cosas. Por ello la luz horizontal que alarga sombras, la penumbra que deslava contornos, el contraluz que enrarece lo cercano y exalta la lejanía, son los eventos que tornan extraño todo lo demás: automóviles rasgando la negrura, transeœntes resueltos en sombras, edificios agonizantes, vaciaderos de luz figurados como calles y, en fin, objetos cuyos residuos lumínicos ejercen una gran fascinación a fuerza de ser absolutamente realistas.

Luis Carlos Emerich, 2002


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