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ROBERTO CORTAZAR |
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Roberto Cortázar: Explorador de la Conciencia Humana, Pintor del Alma
Los seres humanos, siendo humanos-tal es el tema central del arte del joven pintor mexicano Roberto Cortázar. Es un tema que es preciso y científico y, al mismo tiempo, amplio y poético. En una era de polémicas posmodernistas, prolongadas y a veces cansadas, Cortázar nos dá un punto de vista que es, sin vacilación, humanista, y un sentido de maravilla sobre los temas de sus obras. También nos dá una extraordinaria aptitud técnica en la ejecución de sus ideas en sus pinturas en óleo sobre tela o en óleo sobre madera, y en sus dibujos en papel.
Cortázar es un joven profundo y considerado, un artista de gran intelecto y de una pasión sin limites. En cierto modo, sus pinturas son siempre autoretratos. Son reflejos de su fascinación con los matizes y las ambigüedades de la naturaleza humana.
Cortázar nació en 1962, en la ciudad de México, donde estudió en la Escuela Nacional de Artes Plásticas, "La Esmeralda," y más tarde en el Instituto Nacional de Bellas Artes. En 1983, pronto después de graduarse del Instituto Nacional de Bellas Artes, Cortázar comenzó a atraer atención crítica cuando ganó el Premio José Luis Cuevas en la Primera Bienal de Dibujo en el Museo del Palacio de Bellas Artes en la capital de México. En sus dibujos que eran parte de la exposición, Cortázar ya se enfocaba con prominencia en la figura humana. Esos primeros dibujos demostraron un talento precoz y una madurez sorprendente, también que un desarrollo intenso del sujeto.
Ya al principio de su carrera profesional, la obra de Cortázar afirmó el caracter sólido del joven artista en la técnica y en el lenguaje del arte clásico realista. También demostró su inclinación natural por la exploración psicológica que es una característica de la sensibilidad moderna en muchas de las artes. Algunas de sus primeras obras fueron descritas como clásicas o románticas. En realidad, el arte de Cortázar ha abarcado tanto las grandiosas, filosóficas aspiraciones del modernismo, con énfasis en el poder expresivo de los materiales y la forma, y las preocupaciones teóricas del posmodernismo con énfasis en la definición del significado de las imagines en los diferentes contextos en que son presentados y vistos por el público.
"Realmente, hasta cuando tenía cerca de 34 años, estaba buscando la técnica, los materiales, la forma y el modo de expresión," dice Cortázar. También recuerda que por cerca de 14 años, después de su triunfo de haber ganado premios, no produjo más dibujos. Cortázar recuerda que de vez en cuando se sentía frustrado, pues creía que muchas de las obras clasicalmente modernas que veía en persona o en reproducción "no tenían una cierta lógica interna."
Por ejemplo, encontró que algunas obras cubistas o futuristas del principio del siglo XX parecían incompletas o sin resolución. En su opinión, les faltaban lo que los estéticos del siglo XIX, como el británico John Ruskin, hubieran llamado "la unidad órganica," en otras palabras, un sentido de órden visible, el sentido de que cada aspecto de una obra de arte este armoniosamente en balance y en el lugar que es necesario para su integridad. Sin embargo, Cortázar si creía que ciertas pinturas de Picasso, Matisse y Monet poseían y demostraban esta intrínsica totalidad. En ellas, dice él, reconoció lo que llama una "lógica técnica."
Hace unos pocos años, durante una visita al Museo Británico en Londres, Cortázar reconoció vivamente la misma calidad en las obras de Da Vinci y Miguel Angel; también lo impresionó lo que él llama su "caracter monumental." Al examinar las obras de estos maestros del Renacimiento, decidió volver a sus dibujos pero también a experimentar con materiales que podían literalmente darle más cuerpo y quizá un sentido más grande de la presencia escultural a su producción de imagines.
Cortázar regresó de su viaje y comenzó a dibujar y pintar en madera contrachapada (madera de tres capas). Se había interesado en los artistas franceses de después de la segunda guerra mundial, del movimento art informel, artistas que exploraron el potencial expresivo de sus materiales por medio de mezclar arena con la pintura o por manipular físicamente sus lienzos abstractos para crear texturas raras. (Entre otros, estos artistas incluieron Jean Fautrier y Jean Dubuffet; Dubuffet también se interesaba en las raices subconscientes de la actividad mental.)
Cortázar hizo sus propios experimentos con sus materias. Desarrolló la técnica por la cual hoy es reconocido: pinta con colores vivos, colores de la tierra, sobre una superficie preparada en blanco. En un modo abstracto-expresionista, Cortázar permite también que los resultados de "accidentes" que ocurren durante el proceso de crear el arte formen parte integral de sus pinturas. En ocasiones arroja pinturas casi completas desde la ventana de su estudio en el séptimo piso, después las recoge e incorpora las manchas y rasguños que resultan en la superficie de sus obras completas. De esta manera, las líneas delicadamente marcadas en las figuras humanas de Cortázar encuentran un hogar en las texturas irregulares y impredecibles de un impasto grueso y a veces golpeado.
Estéticamente, la combinación de los elementos en contraste, el refinamiento estilistico y la aspereza de la superficie, les dan a las pinturas de Cortázar una tensión dramática. Así también el contraste entre la eloquencia austera de los hombres y mujeres anónimos y desnudos que el artista representa y el extraño espacio pictórico en que aparecen.
Las figuras de Cortázar parecen estar imprisionadas; literalmente están atrapadas dentro del espacio de la superficie de la pintura. Están de pie, se estrechan, o se achaparran como animales enjaulados, ignorando o, a veces, respondiendo directamente a la mirada del espectador. ¿Están solos o aburridos? ¿Están meditando o tienen miedo? ¿Quién sabe? Las neblinas de la ambigüedad en dónde residen son tan espesas o tan líquidas como las pinturas del artista. La energia que exuden es cruda, constante y vibrante. Se siente primordial y seductiva. Es difícil ignorar la mirada fija de las figuras de Cortázar y, en la incertidumbre de su ser, sus miradas y su prisión peculiar, nos reconocemos nosotros mismos.
Aquí está el golpe maestro de Cortázar-tanto en lo que hace técnicamente para crear su arte y en la manera en que dirige sus temas. A diferencia de muchos artistas contemporaneos que pueden ofrecer ideas provocativas que no son bien realizadas en un medio particular, o otros que pueden contribuir un fuerte talento técnico en la interpretación de ideas débiles, Cortázar ha consolidado constantemente todos los componentes principales que deben estar presentes en cualquiera obra de arte, para que pueda trascender sus caracteristicas del estilo o sus límites como un objeto.
Esos elementos esenciales incluyen una idea básica que guía; esta es la semilla intelectual-imaginativa de la cual crece una obra de arte. También incluyen habilidad o los medios técnicos por los cuales dicha idea es realizada para que se aprecie con los sentidos. Y, inevitablemente, incluyen un componente emocional-estético; llame ésto la calidad o calidades de la belleza, placer, pasión o espiritualidad que una obra comunica y cómo los expresa. La habilidad de Cortázar surge de la confluencia fuerte de estos tres principales componentes de su arte.
En estos días, en lo que se ha llamado la era del posmodernismo ya casi pasado, una actitud motivada por la teoria y un entendimiento superficial de teoria crítica, con frequencia se han convertido en un sentido de moda aguado en las artes plásticas. Como resultado, trucos y posturas de moda prevalecen. Resonantes declaraciones artisticas que influyen a los espectadores a volver a una exposición una y otra vez, quizá para descubrir algo nuevo o que revela más lo que significa ser humano, son más raras.
En contraste, las imagines vencedoras de Cortázar, como las formas de arte clásicas y duraderas de otros tiempos y culturas que nos han precedido, tienen raices y son reflexiones inconfundibles de la condición humana. Pero, a pesar de que ocupan un lugar en la larga linea del tiempo que traza la rica historia de la pintura figurativa en México y America Latina, trascenden especificas etiquetas culturales o geográficas. En cambio, como la literatura y las meditaciones de la filosofia existencialista del último siglo, el arte de Cortázar toca la reserva de la aspiración humana, y de la duda, la ansiedad, y el temor, una reserva de emoción que es universal en su alcance y eterno en su espíritu.
Tales emociones se encontraban con frequencia al centro de las novelas, obras de teatro y ensayos por autores definitivamente existencialistas como Jean-Paul Sartre. Les dieron a estas obras su drámatico ambiance y su caracter único. Estas emociones impulsaron una narración pensativa con concentrada energia emocional.
La obra de Sartre "No Salida" derivó su intensidad emocional y psicológica de su escenario peculiar. La historia se trata de unas cuantas personas que estaban encerradas en una habitación pequeña, como una prisión. Tanto el aire claustrofóbico y su más famosa línea ("El infierno es otra gente") eran metáforas de una vista de la sociedad humana que pone la responsabilidad por los placeres y penas de la humanidad firmamente en los hombros de generaciones pasadas y presentes. "No Salida" sugiere que cada pensamiento o acción individual humana es para siempre una parte definitiva de la historia y del caracter de toda la humanidad.
Similarmente, contenidas dentro de sus espacios pictóricos y claustrofóbicos, las figuras de Cortázar representan nuestra ansiosa, a veces impotente y siempre vulnerable naturaleza humana, como los personajes Cada Hombre y Cada Mujer de las obras morales medievales. La técnica meticulosa del dibujo de Cortázar, derivada del Renacimiento, les dá su eterna aura emblematica. Los aspectos abstractos de su técnica en la pintura las situa estilisticamente y tematicamente en el territorio clasicamente modernista (y aluden a la lucha legendaria entre abstracción pura y pintura figurativa que caracterizó la obra de los pioneros del abstracto-expresionismo, como Willem de Kooning). Y las figuras de Cortázar, con sus miradas fijas, sin parapadear, que nos ven reciprocamente, nos hacen cohibidamente conscientes que nuestra propia acción de mirar es un gesto analítico y artistico que es quintaesencialmente posmoderno. Cortázar empaca todos estos niveles de significado y todas estas alusiones delicadas en cada imagen.
Esta evidencia de tímido ver y ser visto refleja el interés temático de Cortázar. Se refiere a la evaluación del artista de la vera esencia de la naturaleza humana o de las relaciones humanas. Dice Cortázar: "Me interesa cómo vive una persona con la historia y en la historia." Se intriga con los modos en que la gente, en su sociedad, ocupan lugares en el panorama de la historia que son al mismo tiempo tangibles, locales físicos, e intangible, quizá momentos más conceptuales en el tiempo.
"Me interesan las relaciones del poder entre la gente y cómo tal poder también adquiere una historia," dice Cortázar. La psicología de un individuo o de una sociedad informa su historia y viceversa; en su arte, Cortázar trata de representar seres humanos que están ganando entendimiento y están emergiendo por su propia esencia como creaturas que piensan y sienten en un sistema complejo de poderosas relaciones que definen y controlan su existencia.
Sartre describe los humanos como seres que tienen la abilidad única-y la obligación o la responsabilidad-de determinar y la calidad y el significado de su existencia por medio de la selección de pensamientos y acciones que han seguido. De esta manera, Sartre escribió con una sugerencia de ironia, que los seres humanos están "condenados a ser libres." Esta libertad se puede sentir vigorizante y también incontenible; similarmente, no es un accidente que los títulos de muchas de las pinturas de Cortázar se refieren a "una habitación," al mismo tiempo como un lugar familiar de refugio y un contenedor sofocante del cual no hay escape.
Cortázar, desde este punto de vista, se ha emprendido en un desafío enorme e ambicioso: su arte es una tentativa audaz a pintar la conciencia humana en el momento preciso de conocimiento urgente de sí mismo para darle una forma reconocible, provocativa y poética. Al hacer ésto, él pone y aspectos de la tradición de la pintura abstracta y aspectos de la pintura realista a su servicio, produciendo algo más que reportajes visuales de laboratorios como resultado de sus investigaciones de nuestro psique común. Mejor dicho, en su propio modo determinado, concentrado e intenso, Cortázar vuelve a nosotros con retratos imponentes de nuestra inefable alma humana.
Edward M. Gomez es crítico de arte, diseñador gráfico, autor y colaborador de The New York Times, Art & Antiques, Raw Vision y otras publicaciones en los Estados Unidos y en Europa.
Texto traducido en castellano por Alicia Madrid y Edward M. Gomez. © 2000 Edward M. Gomez
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