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| BRUNO WIDMANN |

 

Espectros y Acrobacias
Una vocación ineludible de los museos abocados al arte moderno y contemporáneo en la Ciudad de
México, es realizar exposiciones de artistas latinoamericanos. Dentro de tal premisa se presenta ahora la
muestra individual del uruguayo Bruno Widmann, pintor nacido en Montevideo en 1930,
perteneciente, por lo tanto, a la misma generación de sus colegas mexicanos Manuel Felguérez, Alberto
Gironella, Francisco Icaza y Vicente Rojo, que aunque nacido en España, se encuentra asimilado al
medio mexicano.
A lo largo de su trayectoria Widmann ha trabajado tanto la pintura como la gráfica. La importancia de
esta muestra reside en que el artista, renovando y revalorando su trabajo, decidió retomar su lugar como
el pintor que siempre ha sido. Su exposición coincide durante cierto tiempo con la de su coterráneo
Ignacio Iturria que se presenta en el vecino Museo de Arte Contemporáneo Internacional Rufino
Tamayo. La presencia de Iturria y Widmann en dos museos mexicanos hermanados establece de nueva
cuenta un puente que permite calibrar las coincidencias y diferencias entre ambos pintores. Como
Iturria, Widmann privilegia una paleta parca, orquestada en tonos naturales: sepias, grises, negros,
azules, colores propositivamente ensuciados que ponen en relieve los tonos blancos y claros, sabiamente
dosificados.
Es un pintor figurativo, pero no un pintor que personifica a los seres elegidos como motivo de repre-
sentación. El individuo anónimo entregado a sus empeños laborales o de cualquier otra índole es el tema
de su pintura. Estos seres se presentan en escala disminuida poblando escenarios cuya composición
por lo general está referida a barracas, plazas, interiores de edificios a los que priva de fachada, obras en
edificación. Para armar sus escenificaciones se vale de todos los recursos de la pintura abstracta, de modo
tal que son los "andamiajes" o la ambientación, los que dan sentido a la escena. En ocasiones tales esce-
narios desaparecen para dar lugar a un elemento único, que puede ser una espiral en forma de tubo o
de tripa, a configuraciones verticales que remiten a la naturaleza ya la germinación, o simplemente a
fragmentos de andamios que al conjugarse entre sí, bien armados visualmente, arrojan como
consecuencia una composición casi abstracta enaltecida por los efectos del claroscuro.
En muchos casos las "vistas" de estas composiciones son en picada, como si el autor contemplara la
escena desde una torre o desde un helicóptero.
Otro elemento que introduce con frecuencia, a veces en forma protagónica, consiste en unas forma-
ciones irregulares que se parecen a las piedras de río, pero que se representan magnificadas y dotadas de
una cualidad ambigua: ciertas incrustaciones que el pintor les introduce, provoca que puedan verse
como cabezas, cráneos, cerebros o incluso rostros. Lo que parece ser accidente controlado, una mancha,
un punto, un ligerísimo esgrafiado, un chorreado fino, hace incursión asimismo en sus composiciones,
siempre en forma por demás estratégica.
Tras de Bruno Widmann hay otras presencias. El trazo libre de raíz expresionista no le es ajeno, como
tampoco algunas formaciones espontáneas emparentadas con la retoma que del dibujo infantil hizo
lean Dubuffet.
Pinta al acrílico, la que le permite un secado mas rápido que si la hiciera al óleo, pero los efectos que
logra son similares a los del óleo. En sus obras de fecha más tardía, abandona modalidades que por largo
tiempo le fueron predilectas, para propiciar expresiones en las que la grafía cobra importancia. A algo
más de 30 años de su participación en la muestra Cien años de pintura uruguaya, que se llevó a cabo en
la Corcoran Gallery de Washington, este museo agradece la invaluable intervención del escritor Danubio
Torres Fierro, emisario incomparable de la hermana República del Uruguay, así como la de Alfredo
Ginocchio, para la consecusión de la exposición.


TERESA DEL CONDE
Directora del Museo de Arte Moderno
México, D.F.


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