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Works
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G
A L E R Í A LÓPEZ QUIROGA |
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Irma Palacios | |
Extractos
de textos de
Teresa del Conde 2000, Irma Palacios 2000,
Teresa del Conde 1994, Juan Garcia Ponce 1988
Sería absurdo decir que a ella no le influye
nada, que crea de la nada. Se encuentra permeada por las paredes viscosas
de Venecia, por la arena de la playa de Careyes, por las luciérnagas,
por la tierra mortecina, por sus interiores ignotos que pueden ser aterradores,
por los espejismos, las densidades o las ligerezas, las atmósferas
de Turner o los firmamentos de El Greco, el relumbrar del oro y las formas
primigenias que están atadas a sus contenidos arcaicos, aquellos con
los que se sueña tal vez sin saber que se está soñando.
Teresa del Conde, 2000
Nunca me he preocupado demasiado, aunque he observado, qué descubre la gente en mis cuadros. Mis cuadros son como estados de ánimo míos. De pronto en esta época de mi vida quiero hacer cuadros blancos, claros, puros, sin formas, pero llegar a eso es muy difícil. Voy limpiando paleta, limpiando, yendo casi hacia el no color, o de plano, no sé, no lo aguanto, tiendo a hacer una cosa que no se puede hacer en la realidad. Mentalmente sí se puede hacer porque yo puedo hacer un Picasso o un lo que sea pero quiero hacer y puedo hacer quien soy. Para eso estoy pintando.
Irma Palacios, 2000
Los cuadros de Irma Palacios son en su gran mayoría bellos. Afirmar que una cosa es bella, es resultado desde luego de un juicio subjetivo, porque la afirmación está fundada en un sentimiento de placer. Kant pensaba que este es independiente de todo concepto, pero tratándose de las cosas del arte, el sentimiento sí involucra una conceptualización. Con ello quiero decir que a mi parecer las obras de Irma Palacios placen porque la techné (refinadísima), está puesta al servicio de la percepción inmediata. Se diría que todo el sistema extrapiramidal de la pintora (el que anima su cuerpo) funciona en concatenación con sus intenciones, sus decisiones, sus actos.
Teresa del Conde, 1994
Hay en cada uno de los cuadros de Irma Palacios un trato que no permite ninguna diferenciación entre lo que sus materiales le dicen por sí mismos y la manera en que los convierte en la obra en sí.
Juan
García Ponce, 1988
Extractos
de textos de
Teresa del Conde 2000, Irma Palacios 2000,
Teresa del Conde 1994, Juan Garcia Ponce 1988
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