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Galeria Enrique Guerrero

 

EL COMIC DESCONSTRUIDO

Fabian Ugalde y la representación iconográfica de los malestares culturales y sus "soluciones efervescentes" Por Ricardo Pohlenz.

Voy a empezar por aventurar una generalización: en el arte contemporáneo hay ‹sobre todo‹ dos caminos, uno dado por Beuys y otro por Warhol. He de confesar, sin embargo, que a pesar del prestigio con el que se rodea la pauta dada por Beuys (sustentada socialmente ‹si se quiere‹ por un sentimiento de culpa vivido como prerrequisito de apreciación) me atengo ‹un poco por sentido común, un tanto más por necedad‹ al hecho de que la militancia artística de Beuys aspiraba en última instancia a convertirnos a todos en artistas: no dejan de ser unos cuantos privilegiados los que han tomado ventaja de tal situación, explotada muchas veces de la misma manera que se haría con un producto musical en boga. Pienso en los sucedáneos devenidos de Warhol y no me ciego, veo patrones similares, pero no veo la culpa ni los males que conlleva. Hay algo en el pop que se parece a algunas disciplinas orientales cuando son llevadas a la práctica: no hay solemnidad, ni resistencia, se dice como se hace: el hecho subversivo está en su estridencia. Prefiero no olvidar que el pop devino ‹de un modo u otro‹ del expresionismo abstracto y que, en su figuración no deja de haber un discurso de campos y cuerpos en tensión; dicho desde los ritos de lo inmediato, con un fondo de pulsión sentimental que ha terminado por volverse cínica. El mundo no se conoce por sus referentes naturales (el paisaje es algo que se encuentra en los museos), se reconoce por signos y señales convencionales que se articulan a partir de su lectura iconográfica. Fabian Ugalde trabaja a partir de la desarticulación de estos signos y señales convencionales, reducidos a sus expresiones mínimas, reformulados como una extensión conceptual subordinada a soluciones de campo y tensión compostiva. Los referentes a los que apela Fabian Ugalde para formular los elementos que se articulan en sus composiciones son reducciones y reelaboraciones de los elementos y características que definieron la retórica formal de los dibujos animados a partir de los años treinta. Basta mencionar unos cuantos personajes paradigmáticos (casi en orden de aparición) para ver los rasgos y transformaciones que permitieron su evolución: Félix el Gato de Pat Sullivan, Popeye de Max Fleischer, Mickey Mouse de Walt Disney, el Pájaro Loco de Walter Lantz, en una línea que alcanza su eficiencia máxima en los cortos animados hechos por Friz Freleng y Chuck Jones para la Warner, misma que depurada y agotada, llegará hasta la escatología extrema de Ren & Stimpy de John K. Todos son personajes desarrollados para causar un impacto visual, seducir en primer instancia. Al ser un producto industrial, han sufrido ‹en su proceso‹ trabajos de eficientización que permiten una facilidad y rapidez al dibujo sin que por ello pierda sus peculiaridades. Fabian explota los mecanismos formales que hacen fácil e inmediato su reconocimiento (la riqueza cromática, la sencillez de línea, las sombras y efectos con los que se consiguen los volúmenes, las líneas y signos que denotan olores o ruidos) para explorar sus límites, en una lectura que exhibe y comenta su eficiencia como medio y signo, sus extrapolaciones sociales y políticas, y su plasticidad semántica; la cual puede llevar, en su posibilidad y abuso, a la abolición del sentido. Los personajes y figuras quedan dichos en las pinturas con trazos completos y colores tan brillantes como planos; en su reconocimiento hay una negación: como figuras suponen un proceso abierto a la significación. A pesar de las leyendas que hay en algunos de ellos ‹dadas como parte de una vocación por el cartel‹ es su disposición, las letras cumplen una función formal, en su evidencia ‹a veces procaz‹ esconden un trabajo de colores, volúmenes y tensiones de naturaleza abstracta. Los materiales que usa Fabian Ugalde para sus pinturas no son convencionales. La descripción, tinta serigráfica (polivinilo) sobre vinil, puede ser engañosa al respecto del proceso de las pinturas. La calidad industrial que tienen las pinturas, esa sensación impresa que se destaca por los grandes cuerpos de colores uniformes, es un trabajo hecho a pincel; en estricto senso, cada uno único e irrepetible, algo que sólo es evidente a veces, detenido en los detalles, donde puede apreciarse que no es de una naturaleza industrial, que hay un trabajo de oficio que se niega en su ejecución, una pincelada que desaparece, que se dice como algo dicho fuera de las convenciones de lo pictórico pero dentro de sus lineamientos formales. Lo que dicen las figuras de Fabian Ugalde me hace pensar en trabajos realizados por Javier Mariscal y Max Anderson, derivados (sintetizados, si se quiere) de los atributos de personajes emblemáticos. Mariscal lleva sus creaciones a derivaciones múltiples, a partir del comic hace alusiones tridimensionales hechas de diversos materiales de sus personajes (derivados de una obvia estética disneyania), como simulacro de productos licenciados a partir de sus creaciones. Max Anderson, por su lado, desde el comic, ha elaborado un mundo que se apropia de los elementos industriales que han caracterizado el comic, sobre todo su capacidad antropomórfica, para sincretizar lo artificial y lo orgánico. Las referencias sobran, Fabian Ugalde ha llegado a la desconstrucción y reformulación de los elementos que constituyen la retórica iconográfica del comic por su lado, con lo que ha conseguido estilizaciones y comentarios muy cercanos a los que pueden apreciarse dentro de la línea dura del género, donde el medio y la finalidad han terminado por confundirse. Los personajes explotados por Chuck Jones y Friz Freleng en los cortos animados de la Warner, son, de alguna manera, el catálogo exhaustivo de los atributos de un personaje animado antropomórfico de naturaleza animal: coloraciones uniformes, coloración distinta en la zona pectoral, tramas velludas, guantes, además de hocicos, picos, orejas y demás atributos distintivos que ‹en si misma‹ contienen y definen su naturaleza. El rasgo que distingue al pato Daffy, por ejemplo, es su pico; característica que fue señalada más de una vez en sus cortos animados, donde ‹al ser despojado de_su_pico‹_queda reducido a un manchón tan articulado como informe; personaje aún por definir. El pico es de este modo, el contenedor_que_lo determina y que puede resignificar ‹en cuanto pato‹ a cualquier cuerpo. Fabian Ugalde arma ‹a partir de estos elementos‹ un discurso que enmienda y transgrede el decoro pictórico. De tal modo, Porky Pig sirve de modelo para construir un retrato que_desacraliza_el monstrismo de Francis Bacon, desconstruye a Porky Pig y de paso, desconstruye a Francis Bacon, en un acto que los hermana más como signos referenciales que como vehículos de sentido. A partir de cuerpos cilíndricos puede aludir a cañones o chimeneas, estomas y excrementos, con una clara intención de relativizar su contenido real como signo en cuanto posibilidad de comunicación, por eso mismo, queda subrayada su calidad de conducto para secreciones (y mensajes). El contenido sexual que hay en los cuerpos y sus conjunciones (conexiones) que desarrolla Fabian Ugalde es ‹en este sentido‹ un producto derivado: abstracción estridente de lo erótico ‹si se quiere‹ de un producto que busca su sentido en su distensión. Las sandías, alargadas como si fueran proyectiles, se reconocen como tales por el dibujo convencional que las describe, con alerones serían bombas, pero aún ‹como todo lo demás‹ esta por definirse. Como en los cortos animados de la Warner, las bombas y los trasvestismos forman parte de un chiste freudiano. Fabian explota y revisa los elementos inherentes del medio: la violencia explícita, el peso arquetípico de una ambiguedad sexual y de identidad que se resuelve con trasvestismos y collages, como parte de un territorio alterno que absorbe los elementos museográficos para contenerlos fuera del entorno que los significa. De tal modo, colgar un Ugalde en un espacio museográfico_supone colgar_un_espacio museográfico_alterno, surgido a partir de los elementos que definen el mundo posible que hace al corto animado y que puede apreciarse, a través del monitor televisivo, como una ventana a otra realidad. En las pinturas de Fabian Ugalde_quedan_dichos cuerpos escultóricos e instalaciones resueltas, plano y concreción de obras que cobran realidad en el asumido de que pueda saltar de la pantalla (como lo hace Roger Rabbit). Colgar un Ugalde no hace de la pared un espacio museográfico, pero le da una ventana a un espacio museográfico que se contiene a sí mismo; una segunda realidad (interior, si se quiere) dicha por Velázquez, con la luz que se cuela tras el umbral al fondo de las Meninas, eso mismo que dice Fabian Ugalde al pintar el hoyo de ratón (con arco como portal) convenido en el mundo animado. Queda la tentación de asomarse a su interior.


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