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Art # od095, "Escultura pública/escultura privada"

Por: Olivier Debroise

by courtesy of http://www.latinartcritic.com , cortesía de http://www.latinartcritic.com

Nació como adorno de necrópolis, de atrios y claustros; se extendió a las fuentes, a los parques, a los cruces de calles. Tuvo, desde siempre, un cariz monumental, que no se debía tanto a sus proporciones -que no fueron necesariamente colosales-, sino porque su entorno, deliberadamente, sugería lo espectacular: había que verlas, adorarlas o admirarlas desde abajo hacia arriba, y darles lentamente la vuelta.

La escultura, por definición casi antonomástica, representa en nuestra cultura el arte público, el arte "para las masas" cuyos significados trascienden su simple forma, puesto que se llenan de significados cívicos -digámoslo así, a falta de palabra más precisa-. La escultura es, por ende, define quizás el arte oficial. Por ello, se apegó (sigue apegada, en muchas partes) a los cánones del realismo, de una estricta figuración. Cuando, en los años sesenta, franqueó el paso, se volvió geométrica y abstracta, su sentido "cívico" no se debilitó; por el contrario, al conseguir lo que siempre pretendía -ser forma pura, elevada en el espacio público-, trascendió en tanto que monumento límpido: creció, se elevó, desmedidamente, en aras de ser vista, de abarcar, de subrayar, de circunscribir, el espacio público. (En reacción a esta inflación, muchos artistas empezaron a pugnar por la invisibilidad, de ahí nació la escultura conceptual, la ambientación, la instalación y sus derivados.)

La idea de presentar "esculturas de pequeña formato", en paralelo a un singular concurso de esculturas públicas, permite subrayar algunas contradicciones. ¿La escultura puede acaso, sin caer en el puro decorativismo del bibelot decimonónico tener otras funciones? ¿Sugerir otras relaciones, que no sean estrictamente aquellas complejas relaciones espaciales de la plaza pública? Al revisar las obras que se presentan en esta muestra, y comparándolas inevitablemente con las que se presentan simultáneamente en el Corredor Cultural de la Colonia Roma, creo que la respuesta es un tímido no.

Independientemente de la calidad intrínseca de cada obra, y de la gran variedad de materiales con las que están realizadas, casi todas estas piezas parecen maquetas, proyectos en espera de la realización final, que les daría sentido legítimo. Las volvería efectivas. Esto es particularmente claro en el caso de las numerosas piezas abstractas, de fuertes rasgos arquitectónicos, cuyas formas requieren amplitud, desarrollo espacial.

Las piezas figurativas (dando por supuesto que esta sea la palabra más exacta para situarlas), por el contrario, se adaptan mejor a los formatos pequeños; quizás porque detentan una narrativa propia (como las de Leonora Carrington y Juan Soriano) o violentan a su modo las formas (como las de Germán Venegas y Sergio Hernández), funcionan como piezas íntimas, cerradas sobre sí mismas.

Esta es quizás la aportación de esta exposición: señalar la ambigüedad de la escultura, en particular de las que pertenecen a la modalidad "abtracta" y, por razones difusas, pertenecen de lleno al arte público.

 
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