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# od088, "Antídoto para un largo invierno."
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Por: Olivier Debroise |
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courtesy of http://www.latinartcritic.com , cortesía de http://www.latinartcritic.com
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La pasada semana - culturalmente marcada por un siniestro carrusel de descontones, descalabros y (des)nombramientos- empezó a circular en librerías el último libro de quien fuera, hasta ser descontado por presidencial "decreto", el más visible, temible, y por ende, admirado de nuestros ensayistas culturales y paradigma del intelectual mexicano, Carlos Monsiváis. Salvador Novo. Lo marginal en el centro, que publica Ediciones Era, junto con otro 4 títulos, para conmemorar sus 40 años de existencia, no es sólo sentida y bienvenida biografía de una vida en el arte, sino crónica del quehacer cultural en tiempos de la Revolución en su institucionalización. Monsiváis describe minuciosamente -esta es la gran aportación del libro a la historia del régimen y a la historia gay- el proceso de afirmación, inserción social y conversión en "respetable ciudadano" del homosexual denigrado por sus pares. La prosa exuberante, alucinante a ratos, a que nos tiene acostumbrado Monsiváis, una manera de prosopopeya sin referente directo, que funciona como letanía rítmica a partir de repeticiones, enumeraciones, bruscas convulsiones de la enunciación, revoluciones de las oraciones -una sistema narrativo que adopta e incluye la paradoja como única manera de refutar el sentido unívoco, el autoritarismo de la palabra escrita-, sirve más que nunca el propósito de este libro. Retumba con el eco de la prosa ligera de Novo y adhiere impecablemente a la descripción, que es a la vez evocación crítica y análisis del otro escritor, idolatrado y luego aborrecido. El Salvador Novo de Monsiváis es un libro con historia. Monsiváis tardó treinta años -toda una vida- en cumplir con ese deseo de quien fuera, si no su mentor, una especie de Pigmalión. A mediados de los años 60, Monsiváis es uno de los escritores jóvenes adscritos a las tertulias de la Capilla de Coyoacán, y Novo adopta, para con él, uno de sus papeles predilectos, abusando de este prestigio logrado a fuerza de "apoyos al gobierno y al Mundo libre". Introduce al "terrible" Monsiváis en los círculos, si no secretos, bastante controlados, del poder, la cultura y las artes. Novo, sin duda, se reconoce adolescente en los desplantes de un Monsiváis quien, en la presentación de una plaquette de Griselda Álvarez exclama: "Camp, camp, camp…", y espera los comentarios (obviamente malévolos) del joven que forzó con su ayuda la puerta de Dolores del Río (22 de enero de 1966). ¿Acaso Novo quiso incluir a Monsiváis entre sus obras completas? A finales de 1967, cuando el editor Rafael Giménez Siles le propone publicar su biografía en la serie "Un mexicano y su obra" de Empresas Editoriales, Novo escoge a Monsiváis -sólo conocido entonces por su antología Poesía mexicana del siglo XX- para "disecarlo". Según relató Novo más tarde, Monsiváis lo entrevistó en dos o tres ocasiones, y luego abandonó el proyecto, sin razón aparente. La historia es, sin duda, algo más compleja… y no particularmente favorable a Novo. La amistad entre ambos escritores, la mutua admiración empezaron a degradarse al inicio el movimiento estudiantil de 1968. Novo, que había peleado tanto por ser hombre del sistema, se aplica en defender el régimen contra "los muchachos de catorce o quince años, instrumento ciego del consignas oscuras" (17 de agosto de 1968). El 19 de septiembre, entrevistado por un reportero de Excélsior frente al féretro de León Felipe, Novo festeja la invasión de la CU por las fuerzas militares: "Es la primera noticia, y muy buena, por cierto, que recibo en el día." Días después, la barda de la casa de Novo en Coyoacán aparece cubierta de pintas: "Popular entre la tropa." Entre la habitual autoironía redentora y la rabia, Novo mismo señala el hecho en su crónica del 25 de septiembre. Antonio Saborit en su introducción a La vida en México en el periodo presidencial de Gustavo Díaz Ordaz (CNCA, 1998) recoge un artículo del 30 de septiembre en el que Novo intenta justificar su toma de posición, y se explaya sobre el detalle de las pintas: "La pequeña hazaña nocturna me produjo una impresión de tristeza. Imaginé a los pintarrajeadores de muros entregados, a la sombra cómplice de la noche […] en busca de paredes que manchar con la destreza y la rapidez de los robacoches o despojadores de radios. Tan silenciosamente que los perros (¿o será por conciencia de la especie?) no les ladraron." ¿En que momento desiste Monsiváis de convertirse en el biógrafo oficial de Novo? Una última vez, en enero de 1969, se encuentran públicamente, frente a las cámaras de televisión, para un diálogo que resultará de sordos. Con Raúl Velasco de mediador, Monsiváis lee 5 puntos claves de la disconformidad universitaria; Novo replica declamando Adán desnudo, proféticas consignas en forma de oda, airadas y hasta cierto punto acusadoras: "Sí, seguimos en pie, mas como el polvo/erecto en las estatuas: conservado/en la sal que nos cubre y petrifica…" (El plural significa su identidad con el régimen, con el orden y el respeto a las instituciones.) Si Novo -siguiendo a Wilde- elevó la autobiografía y la confesión al nivel de un arte, transformándose en personaje central, único en su imperfección, del texto, en el sujeto de una historia que, antes de ser la de un país, es la propia, Monsiváis, por el contrario -y hay que pensar: en abierta oposición a ese "mentor"- nunca deja que su propia vida, que un yo íntimo, filtre en las crónicas y los ensayos. En todo caso, el suyo es un yo que se asume como colectivo y la historia que, de Días de guardar hasta Amor perdido, escribe Monsiváis es la de una generación que se reconoce en este plural. Monsiváis rechaza la visión protagónica de la historia que propone Novo y consiste en celebrar, de tertulias en cocktails y de menús mexicanos en estrenos teatrales, la vida cotidiana de aquellos obstinados "en construir su mundo hereditario". La de Monsiváis es una historia del país en su devenir, en que nada es estático y las voces convergen en la escritura de la historia del país-como-sujeto sin otra esencia que sus propias diferencias (de ahí ese uso de citas que introducen en el texto las pluralidades con todo y sics e irreverentes interpelaciones de la R.). La novedad quizás, del Salvador Novo (amén de la aparición del Monsiváis entrevistador de hace treinta años, empeñado ahora en escribir la biografía desautorizada que nuestros tiempos requieren) estriba justamente en esta crítica del personaje que logró, a pesar de la hostilidad y la difamación, doblegar el sistema hasta encarnar lo institucional. Siguiendo a Novo en este itinerario, Monsiváis describe en cortas pero detonantes páginas, el tránsito de la institucionalización de la Revolución mexicana desde el momento en que dejo de tener consenso y empezó, irremediablemente, a "proceder contra sí misma". |