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Obra Robada
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Art # od079, "Silvia Gruner"

Por: Olivier Debroise

by courtesy of http://www.latinartcritic.com , cortesía de http://www.latinartcritic.com

Es una muchacha de treinta y un años, nacida en el D. F., de tez blanca y ojos de un azul deslavado; tiene esta apariencia fragil de una Angelina Beloff -tal y como nos la describieron sus amigos y nos la muestran algunas pocas fotografías- y como ella lleva el cabello largo recogido en chongo o trenzado sobre la nuca.

No es costumbre iniciar una nota de este tipo con una descripción física. En el caso de Silvia Gruner, tiene sentido: la obra es inseparable de la apariencia física así como el cuerpo es indisociable de la creación y está expuesto, junto con algunos elementos colaterales, en el museo.

El cuerpo de Silvia Gruner es un mecanismo situado en un momento y en un espacio, en un acontecimiento; sus órganos funcionales, el corazón y el higado, los pulmones y el baso reciben influjos que modifican su ritmo, su tensión; las piernas, los brazos, los pechos, las manos, la cabellera y el rostro son entonces herramientas que le permiten expresar lo que los órganos (re)sienten. Una cámara fotográfica, de super¿8 o de video, una fotocopiadora, un circuito eléctrico, un torno metalúrgico, una máquina de coser, hilo y agujas, todas estas extensiones de las herramientas base le permiten ampliar las formas de expresión iniciales. No son hóstiles al cuerpo, ni separables de él, sino prolongacines de los miembros y por ello deben de tener una relación íntima y amistosa con él.

La obra de Silvia Gruner trata del cuerpo en tanto que maquinaria cuyos mecanismos íntimos busca descifrar. Angustiadamente. Silvia elige entonces una serie de fotorreproducciones de grabados de anatomía antiguos que cubre con una delgada capa de cera sobre la cual, como un escriba del Egipto antiguo, inscribe (no escribe) una serie de correspondencias o de alusiones a la presencia en su organismo de estos mismos órganos representados aquí (en México) y ahora (en 1990). Alusiones fisiológicas en principio, pero también emocionales si no sentimentales. Una verdadera psychosomatia.

Silvia actúa como fotógrafa: pretende detener segmentos de esa circulación de emociones: interrumpe el flujo sanguíneo mediante una punción, y detiene su curso en cientos de tubos de ensayo alineados sobre la pared clínicamente blanca del museo; o retiene en una grabadora el lejano canto de un ciega cuyo corazón palpita diariamente en una esquina de la calle de Moneda. O repite incansablemente el gesto de trenzar y destrenzar su cabellera, fijando cada una de estas acciones banales con una fotografía, hasta crear esta Cruz de María, a la vez lúdica y dramática representación de un eterno femenino.

Silvia Gruner tiene una evidente conflicto con el tiempo/movimiento. Esto la llevó, hace algunos años, a abandonar el dibujo, la pintura y el grabado, por medios menos estáticos, las cámaras de cine y de video, el performance ¿mezcla de danza, teatro y una gestualidad codificada a partir de las artes plásticas- que incluyen a su propio cuerpo como presencia de -y en- la obra.

Silvia Gruner expuso por primera vez en México, unas pocas obras de una rara limpieza (Silvia ha sabido utilizar la luz, los muros inmaculados, la amplitud de la sala principal del Museo del Chopo) y de una gran coherencia en su manejo de la asociación conceptual de elementos: objetos trouvés y ready-mades, instalaciones endebles, y objetos fabricados por ella misma con una gran diversidad de medios, desde el grabado y la fotocopia hasta el torno y la fundición. No obstante esta presencia de la tecnología, no hay nada mecanicista en las piezas que ofrece Silvia: demuestra su verdadera comprensión de los medios (y en su caso son verdaderamente múltiples) y una simpatía con estos organismos que se presentan como metáforas del suyo. Su obra, por otra parte, se sitúa en una línea cada vez más clara de reivindicación íntima y sensible de la toma de conciencia del cuerpo que marca obras tan diferentes como las de Nahum B. Zenil y Eugenia Vargas Daniels, y se deriva de factores tan diversos como la generalización del discurso feminista sobre el cuerpo y la sexualidad, la extensión del sida con su correlativo obligado, una mayor conciencia crítica del ser en el tiempo, y en nuestro país, acontecimientos traumáticos como el sismo del 85 que han marcado profundamente el cuerpo social y los cuerpos individuales.

 
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