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Art # od061, "Los cien años de Giorgio de Chirico"

Periódico: La Jornada, 7 de septiembre de 1988

Por: Olivier Debroise

by courtesy of http://www.latinartcritic.com , cortesía de http://www.latinartcritic.com

Giorgio De Chirico cumpliría cien años en 1988. En 1911, cuando la batalla de las vanguardias se desencadenaba en el París cosmopolita de la belle époque, de Chirico inventaba la "pintura metafísica": última variación del simbolismo finisecular que se pretendía interpretación visual de Shopenhauer y Nietzche. Giorgio De Chirico retomaba entonces las reglas clásicas de representación del espacio, y las llevaba hasta sus consecuencias más absurdas: sus cuadros de factura convencional y un aspecto seudoantiguo recreaban el mundo en su inverosimilitud.

De Chirico murió en 1978, ya en plena "eraposmoderna", cuyos integrantes reivindican, como él lo hacía, un retorno a los valores simbolistas, a los motivos y ornamentos del clasicismo grecorromano, a una espacialidad renacentista y una teatralización a la vez absurda e inquietante.

Confundido alguna vez con los futuristas por su nacionalidad y sus amistades, más que por otra cosa, compañero de ruta de los dadaístas en 1917 y 1920, adoptado por los surrealistas con quienes rompería estruendosamente en 1925, dos años apenas después de la publicación del Manifiesto de André Breton, Giorgio de Chirico inventó muy a su pesar el estilo de la pintura surrealista. La factura "fotográfica" y las referencias literarias que plagaban sus cuadros tranquilizaban a los poetas del movimiento: Breton, Desnos y Aragón se interesaron muy pronto por las conformaciones iconográficas reiterativas de su obra, esta brutal acumulación de objetos inconexos, reunidos arbitrariamente en la tela. "Estimo que una verdadera mitología moderna está naciendo afirmaba Breton en 1925. Le pertenece a Giorgio de Chirico detener de manera perenne su recuerdo".

De Chirico transformó en efecto a la naturaleza muerta, esa pariente pobre de la pintura de género, por regla general poco imaginativa, en una máquina misteriosa. La inclusión supuestamente aleatoria de objetos -fragmentos de estatuas, mapas, maniquíes, rollos de papel, libros, guantes, siluetas, etcétera-, no se deja reducir como sucede con los automatismos literarios o pictóricos a interpretaciones psicológicas, sino que corresponden, en un nivel evocativo, a una simbología rigurosa y explícita. El misterio de la obra de Giorgio De Chirico, surge justamente de este excedente de simbolismo y justificación. Las fugas imperiosas que conducen la mirada hacia un horizonte implacable, la multiplicación de los puntos de vista indicados de la manera más obvia mediante juegos de sombra o cuadros en el cuadro, los seres sin rostro, petrificados en el tiempo muerto de una tarde soleada, los gestos esbozados e inacabados, se ofrecen como evidentes imágenes de la soledad existencial, de la ineludible presencia de la muerte, etcétera. No hay enigma en la pintura de Giorgio De Chirico: en esto reside el supuesto misterio que violenta todo intento de interpretación, de intelectualización. En realidad los cuadros de de Chirico funcionaban como las obsoletas vanitas, melancólicas máquinas de pensar en la muerte.

A Breton le parecieron manifestaciones de subconsciente: una yuxtaposición poética a la manera de los "cadáveres exquisitos", aquellos poemas aleatorios escritos "al alimón"; no percibió la ironía ni los incontables efectos de parodia. A partir de 1927, Giorgio de Chirico se dedicó a copiar obras maestras de Miguel Angel y Raphael, imitó no sólo iconográficamente, sino técnicamente a los maestros de la pintura, en una incesante búsqueda del oficio. Se imitó a sí mismo, también, y en sus últimos años, seguía desarrollando elementos tratados en su primera etapa.

Breton no podía aceptar lo que le pareció una traición a sí mismo, y a su movimiento. "De Chirico hace arte para los museos", declaraba. "Los surrealistas son unos imbéciles", respondió de Chirico en una carta a su hermano Alberto Savinio, en 1927. "Es un pintor de cromos" agregaba Picasso, como siempre, malévolo.

Erradicado del movimiento surrealista, desprestigiado y retirado en Italia. De Chirico siguió pintando sus inquietantes mafufadas neoclásicas, hasta los inicios del fin del siglo.

No obstante, Giorgio de Chirico es uno de los pintores que más influencia ha tenido en el siglo XX. Una influencia sorda, inconfesa, subterránea; inquietante además, como sus mismos cuadros. Este pintor "talentoso pero poco dotado", como escribió Apollinaire, no sólo marcó a los primeros surrealistas (Dalí, Magritte, Tanguy, Masson, Max Ernst, etcétera) y a los pintores del Novecento italiano (Carra, Morandi), introdujo una manera de comprender el cuadro figurativo como objeto de contemplación poética que si, en su momento, pudo parecer antimoderna, se reveló a la postre fructífera y completamente a tono con cierta idea de la modernidad pictórica.

 
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