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Art # od055, "Libération: última edición"

La Cultura en México, 18 de marzo de 1981

Por: Olivier Debroise

by courtesy of http://www.latinartcritic.com , cortesía de http://www.latinartcritic.com

"Último día", la mención, en vez de fecha, al pie de las 16 páginas de Libération de] 23 de febrero de 1981. En la portada enmarcada de negro, una sola frase. Libération te amo yo tampoco... 16 páginas de asco, de dolor, de esperanza y también de regocijo; todos, los "fabricantes" del diario, desde la telefonista hasta el director, escriben, comentan, recuerdan, se contradicen y exponen sus divergencias. Por primera vez en ocho años de existencia, Libé habla de si mismo. La aventura colectiva que, desde 1974 a la fecha, creó una prensa "diferente" a pesar de la franca oposición del mercado y de la prensa francesa convencional, se disuelve, pero Libération tenía que desaparecer con la misma dignidad con la que había vivido y su última salida es ejemplar. El último strip-tease de la redacción llena las páginas, la tipógrafa desmiente -sobre el texto- el artículo del redactor optimista ("¿Y mi salario, qué?"); un reportero, ahora sin empleo, recurre a los anuncios clasificados gratuitos para vender un barco; con estilo lacerante, otro periodista denuncia al ""asesino" Serge July y su "golpe de Estado"; la mayoría explica porque, a sabiendas de que el director July no los integrará en el futuro Libération -anunciado para septiembre de 1981-, le habían sin embargo dado su voto: "el espíritu Libération tiene que seguir existiendo".

¿Qué era Libération? "Un equipo, contesta Serge July en su último editorial, algo así como una locura, como un terremoto que irrumpió desde el fondo de lo irracional y de las tinieblas para pegar". El periódico, creado en 1974 por un grupo de amigos, miembros de la ahora disuelta Causa Proletaria del 68, funcionaba de manera totalmente anárquica -en el mejor de los sentidos de la palabra, por favor-: desde la barrendera hasta el director, todos recibían un mismo (mugroso) salario; sin jerarquía no existía -aparentemente- posibilidad de conflictos internos. Libération lograba autofinanciarse sólo con las ventas y los pocos ingresos de los anuncios clasificados (donativos). La fórmula le permitía una libertad de expresión poco común, base de su éxito. En 1978, el periódico alcanza un tiraje de 60,000 ejemplares que lo sitúa entonces entre los "grandes" diarios, franceses. El sistema de autofinanciamiento, sin embargo, no permite al matutino de todas las marginalidades ser totalmente eficaz; la buena conciencia de izquierda impide que se liquide a los "inútiles". El lema de Libération es "eficacia". "Entonces hay que darse cuenta de que el grupo de Libération ya no es un ‘grupo en fusión’, que se está volviendo una ‘fraternidad-terror’ -para citar a Sartre-; es decir una colectividad en la que las iniciativas de unos y de otros se, han vuelto mutilantes para unos y para otros y las diferencias acaban por herir." (Serge July) Libé agoniza, preso de su propia (des)estructura. Hasta este último número 2184, nadie supo nada. Ahora, todos saben, todos tenían que saber por qué moría Libération y por quién hay que tomar partido.

El 6 de febrero de 1981, la dirección de Libération renunció y convocó una Asamblea General para el día 21. Razones: el "genio" del periódico se estanca, la imaginación es desplazada por la rutina, los odios sustituyen a los amores, Serge July, director, pide una reestructuración, la liquidación del personal incompetente, más creatividad… La Asamblea, por mayoría de votos otorga a la exmesa directiva de July el derecho de usar del título Libération para crear un nuevo diario que conserve, en el contenido si no en la forma, el "espíritu Libé". Concluye la Asamblea, todo el mundo se va cansado. Bye bye, dice la tipógrafa. Ahí van los redactores con su lagrimita en el ojo. "Libération ha muerto, viva Libération". "Esa pequeña muerte, continúa Serge July, nos pica el corazón por todas las razones que nos tocan a nosotros tanto como al lector, por todas las porquerías que se cometerán en Francia sin que Libération las denuncie, por todo lo que no alcanzaremos a sabe!…"

A mí, me gustaba el desmadre informal del Libération antigua fórmula. Quién sabe cómo será el nuevo, sin embargo me parece significativo que un periódico que proponga, una alternativa periodística, literaria, informativa y, sin sujetarse a la presión de las agencias de prensa, fabrique su propia noticia, truene desde adentro como en ese caso. La sujeción al sistema pasa por la renuncia a una estructura diferente. Para mí, lector de Libé, la perspectiva es algo distinta. Era en Francia -y, tal vez en el mundo- el único espacio periodístico que rompiera con cierta rutina de lectura, con la asfixia demasiado real de una prensa corriente y voluntariamente apagada (eso incluye las prensas amarillistas). Por lo mismo, Libération creó, en cierto sector del público, una costumbre… y ya no existe esa opción en el puesto de periódicos de la esquina. En todo el mundo las libertades individuales son diario y cada vez más pisoteadas, los fascismos, por minúsculos que sean, se expanden, la omnipresencia del Estado se hace cada vez más insidiosa y menos aparente, vuelven los insultos y la ignominia: En Francia, la previsible reelección de Giscard d'Estaing hace patente un poder -de por sí demasiado afirmado, los discursos de los partidos políticos se estancan y se vuelven hipócritamente y enigmáticamente ambiguos y ahora también desaparece Libération

Libération se autodefinía como una prensa "sin ideologías", reivindicaba las marginalidades como única opción libertaria frente a "los poderes". Acompañado por cierta opinión pública, Libération ganó, en sus ocho años de existencia, batallas importantes, por mínimas que parezcan, logró preservar ciertas garantías que el Estado francés se disponía a pisotear, abrió sus páginas a múltiples escrituras no profesionales, la de los presos, la de los menores de edad (dizque irresponsables ante la ley, pero bien lúcidos), la de las vanguardias, la de los extraños conflictos callados de regiones apartadas de AFP y UPI (las fábricas, los hogares). La escritura "profesional" de novelistas y ensayistas (Michel Foucault, Jean Paul Sartre, Marguerite Duras) se yuxtaponía en las secciones de "correspondencia" y de "anuncios" a la de cualquier gente que sintiera necesidad de decir algo, gente "común y corriente" que tal vez tenía algo de comentar. Con la misma insolencia, se desenmascaraba las mentiras sociales que acompañan la actividad intelectual y las noticias del día, las represiones sobrepuestas desde el ámbito familiar hasta el Estado. No sin razón, Jean Paul Sartre consideraba Libé como "parte de su obra". Plagado de erratas pero "bien" escrito -aunque fuera en argot o en javanés-, Libération inventó una fórmula periodística novedosa a base de crónicas, de investigaciones que se desparramaban semana tras semana en sus páginas. (algo así como un new journalism al revés: literatura(s) en la prensa matutina). Con, ello, Libé lograba presentar una visión un poco más global de las cosas, de un tema, de un hecho. Y la tipógrafa siempre podía hacer sus comentarios. Todo eso era Libération: algo más que una simple tribuna desde la que se "observó desfilar los años setenta", sino tal vez, un "estilo de vida" -marginal, por supuesto.

Libération revivirá dice Serge July y será un "gran" diario, limpio, estructurado y "con el mismo contenido". Tal vez sea cierto, a ver qué sale. Yo tengo mis dudas. Había, en sus constantes rupturas, desmentidos, en sus momentáneos errores políticos en su misma parcialidad, en su constante ironía corrosiva, en su relajo, algo que permitía leer respirando. Hoy, lunes 23 de febrero de 1981 somos muchos en Francia y tal vez en otras partes, en sentirnos un poco, un poquito más solos. Y hay demasiada gente contenta de que no exista más Libération.

 
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