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Art
# od052, "La invención de Muybridge"
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La Jornada, 5 de octubre de 1988 Por: Olivier Debroise |
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courtesy of http://www.latinartcritic.com , cortesía de http://www.latinartcritic.com
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En 1887, Eadweard Muybridge publicaba Animal Locomotion, una serie de planchas con fotografías de pequeño formato alineadas, todas iguales. Ante un mismo telón- cuadriculado como papel milimétrico, hombres, mujeres, niños y niñas, ancianos y ancianas, desnudos o en paños menores, gesticulan, caminando, subiendo una escalera, cargando baldes de agua, saltando la reata, riñendo. La cámara a repetición de Muybridge utilizaba el novedoso recurso de la instantánea; mediante ello, esperaba levantar un inventario de los movimientos corporales, desmenuzarlos y clasificarlos. Las publicaciones revelaron exactamente lo opuesto: la posibilidad de retener el instante mínimo, de aprehender un gesto, no evidenciaba la comunidad de movimientos y actitudes, sino sus singularidad. La cuadrícula que enmarca los cuerpos destaca justamente las disparidades. Muybridge, muy imbuido del espíritu cientificista de su tiempo, pretendía convertir al sujeto de sus fotografías en un objeto homogéneo y analizable. Esta transformación implícita del cuerpo en objeto fue, quizá, lo que llamó la atención, provocó el éxito de sus trabajos a pesar del absurdo de las teorías que ejemplificaban. Aquellos desnudos anónimos avalados por ideas científicas mostraban lo invisible, doblemente. Mostraban lo que el ojo no alcanza a percibir:la perfecta, sutil, mecánica del cuerpo; el delicado y a la vez potente rodar de los músculos bajo la piel. Pero mostraban también la anatomía de manera prosaica, austera, sin lirismo, sin erotismo aparente; el cuerpo desnudo como en los orígenes, entregado como un cadáver en la mesa de autopsia, en su casi obscena perfección. 1988. La cámara lenta desmenuza los movimientos. Modifica el ángulo de visión: picada, contrapicada, acercamiento, plano abierto, más rápido, más lento, congelado. Analiza con minucia el momento de tensión máxima a que se somete el atleta en el estadio. Lo detiene en el vórtice. El excedente de precisión permite al espectador diferenciar estilos, verificar los cálculos de los jueces, participar de esta manera en la competencia. Las inmediatas repeticiones llenan, además, los tiempos muertos en el tiempo lineal de la reproducción electrónica en vivo. La cámara lenta del video continúa el intento de Muybridge: ofrecer una visión objetiva del movimiento de las cosas. Como la instantánea -inventada con el fin exclusivo de ver mejor lo que escapa a la visión directa-, la cámara lenta aporta un exceso de "realidad". Como las estilizaciones de los escultores de la antigüedad, empeñados también en destacar la perfección del cuerpo en movimiento, la cámara lenta es, en sí, lírica: transforma en fluir armonioso la violencia implícita en el esfuerzo desmedido del atleta; borra todo movimiento brusco y lo inserta en una continuidad que las repeticiones acentúan todavía. El aire parece volverse pesado, denso como el agua, y el cuerpo-masa tiene que luchar contra esa materia viscosa repentinamente revelada. Congelada, el esfuerzo se imprime en los rostros, en los músculos. Yo, televidente, percibo, siento la tensión. La virtud máxima del atleta, que la cámara lenta subraya y exalta, es la disciplina, el perfecto control sobre el cuerpo considerado como un objeto dominable. Toda "disciplina" (en su sentido segundo de objeto de estudio) tiende a pre-ver lo imposible, a demostrar una hipótesis (por ejemplo, el atleta puede saltar tantos metros y centímetros). El cuerpo es una máquina capaz de repetir una y otra vez el mismo movimiento hasta alcanzar su perfección, y las múltiples repeticiones del video devienen metáforas de la repetibilidad de los actos del atleta. En el estadio -espacio cerrado como un laboratorio- no caben las improvisaciones, los accidentes o los errores. Nada se dejo al azar. La presencia obsesiva de las cámaras de video está ahí para comprobarlo (la cámara siempre está ahí donde algo está por suceder, sucede, acaba de suceder). La Olimpiada es la demostración espectacular de la posibilidad de regir el propio cuerpo considerado como un objeto, desligado de toda conciencia, concentrado en el gesto: cuerpo objetivado, ajeno, admirable. Al introducir un tiempo circular que se sobrepone al espacio-tiempo real, el video, la edición inmediata, las repeticiones múltiples y la cámara lenta agregan una "poesía" de las sensaciones y una -desagradable- impresión de inmortalidad. La admiración del objeto deviene creación de héroes. |
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