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Art
# od048, "Jeanette Favrot Peterson: The Paradise
Garden Murals of Malinalco"
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Por: Olivier Debroise Utopia and Empire in Sixteenth-Century Mexico, Austin, University of Texas Press, 1993, 224 p., ill. |
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courtesy of http://www.latinartcritic.com , cortesía de http://www.latinartcritic.com
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Concebido como tesis de doctorado en historia del arte en la Universidad de California, bajo la dirección de Cecilia Klein (especialista en iconografía prehispánica), el trabajo novedoso de Jeanette Favrot Peterson sobre el programa mural del monasterio de La Purificación de Malinalco, entrevisto a través de algunos pocos artículos y de una poniencia-sintesis presentada en 1977 [1] , aparece finalmente en forma de libro, con un retraso lamentable de más de diez años, debido quizás a la falta de interés de los editores por temas que, hace poco tiempo, parecían irrelevantes, pero que el renovado interés por las artes de México en los Estados Unidos, parece en vías de superar. No obstante algunos ajustes, una bibliografía y notas de página puestas al día de manera a integrar algunos aportes más recientes, el libro de Jeanette Favrot Peterson sigue, en sus grandes líneas el plan de su tesis. A la vez que estudio monográfico del programa de pintura mural de Malinalco, restaurado por última vez en xxx, el ensayo de Favrot Peterson presenta -como suele hacerse en cualquier tesis académicas- un resumen y compendio de investigaciones previas, y un recuento histórico-geográfico que permite situar el caso en su contexto preciso. Hechando mano de la bibliografía disponible, muchas veces de acceso difícil hasta hace unos cuanto años, vuelve, detrás de George Kubler, Andrew McDonald, Manuel Toussaint, Santiago Sebastián a presentar un panorama del impacto de las órdenes mendicantes en la conformación de lo que se suele llamar sociedad y arte "coloniales". Insiste particularmente, en un segundo capítulo, en el papel preciso de los agustinos, el tercer grupo de religiosos a llegar a la Nueva España. Quizás la más agresiva de las tres órdenes mendicantes -en razón proporcional a su mística-, la de san Agustín desempeñó un papel fundamental en la definición de infraestructuras de catequización: esto es, por lo menos, lo que sugieren los remanentes arquitectónicos y plásticos, revelados paulatinamente en el transcurso del siglo mediante una serie de restauraciones y limpiezas de monasterios, que iniciará Jorge Enciso en Acolmán en 1918, bajo la éjida de Manuel Gamio, y fueron continuados de manera intermitentes por otros conocidos pintores (Roberto Montenegro en Actopan, por ejemplo) y, más tarde, por profesionales de la restauración. La reaparición de estos programas murales, conservados casi intactos porque fueron "censurados" para acatar las consignas iconográficas tridentinas y encalados a pocos años de su realización (probablemente antes de finalizar en siglo XVI), ha cambiado de manera radical nuestra comprensión de este periodo clave de la historia y las artes. Entre otras pequeñas revisiones, cabe justamente la necesidad de redefinir, a la luz de los descubrimientos (no tan recientes, cabe decirlo) el papel de los misioneros agustinos, y en particular, de su escuela de artes y oficios de Tiripitío, competidora declarada de San José de los Naturales de la ciudad de México, fundada por los franciscanos. Los evidentes parentescos iconográficos y formales de los programas murales aún existente de Malinalco, Charo, Cuitzeo, Yuririapúndaro, Itzmiquilpan, en la zona de influencia norte, de Atlatlahuacán y Totolapán, Morelos, y Huatlatlauca, Puebla, en el sur, parecen sugerir, como ya lo han afirmado algunos autores, la existencia de uno o de varios equipos de pintores itinerantes, siguiendo el modelo aún vigente en las postrimerías del siglo XV en el sur de Europa (norte de Italia, Provenza, Cataluña, etc.). En su exploración de estas constantes, aunque limitada por su perspectiva "malinalcocentrista", Jeanette Favrot Peterson ofrece un interpretación hasta cierto punto atrevida -debido a la carencia de documentación precisa, el obstáculo mayor de todo investigador del tema-, e intenta atribuir el programa de Malinalco a los mismos tlacuilos que colaboraron con fray Bernardino de Sahagún, en la realización de sus "Calepinos" (como llama Gerónimo de Mendieta a la obra monumental que nos llegó con el título de Códice Florentino). La aseveración de Favrot Peterson se basa en un minucioso análisis iconológico del "herbario" que se despliega en forma de jardín místico en los muros de claustro de Malinalco, y recuerda, por un lado, las ilustraciones de la Historia natural... del protomédico Francisco Hernández y, por el otro, de numerosas viñetas del Florentino. El reconocimiento preciso de las especies botánicas y zoológicas representadas en Malinalco, así como el análisis de su doble simbología, mexica y cristiana, es, sin duda alguna, la mayor aportación de Jeanette Favrot Peterson; comprueba así, de manera indudable, la intervención directa y consciente de tlacuilos -sabios y pintores-, negada o, por lo menos, disminuida por los investigadores previos, desde George Kubler hasta Santiago Sebastián, que sólo han querido ver en los murales novohispanos, imitaciones de modelos europeos, simplemente tergiversados por los artífices locales. En esta perspectiva eurocentrista, que todavía impera incluso entre muchos investigadores mexicanos, el programa de la nave de San Miguel Itzmiquilpan, con sus figuras ataviadas como guerreros mexica, ha sido interpretado como un "enigma", como una "desviación" de la regla monolítica, si no como una aberración. Favrot Peterson no niega, por supuesto, la flagrante dimensión europea del programa de Malinalco, es más, identifica con certeza algunas de las fuentes iconográficas (en particular, una influencia no detectada con anterioridad de la tapicería flamenca), pero sitúa el programa en la perspectiva, menos prejuicidada, de un verdadero intercambio cultural, y no solamente de una imposición dogmática y simplista de cánones. Cabría ahora ampliar el análisis de Favrot Peterson a otros programas, relacionados iconográficamente con Malinalco, como las descripciones botánicas que aparecen en los andadores del monasterio de Itzmiquilpan y en algunos segmentos de la bóveda de la nave, o en la antigua sacristía transformada en capilla de Atlatlahuacán. Estas analogías no sólo podrían ratificar la existencia de equipos de tlacuilos itinerantes; permitirían quizás determinar la existencia de un proyecto iconográfico agustino general a la Nueva España (por lo cual habría que incluir en este itinerario a las Filipinas, donde destacaron los misioneros de la orden desde la década de 1570). La mística escatológica muy particular, de los agustinos, que no rehusaron en representar de manera característica la violencia -véanse los "sacrificios" misioneros en Charo y Huatlatlauhca, la obsesión por la sangre en Atlatlahuacán, las visiones apocalípticas en Charo, Cuitzeo, Actopan, Xoxoteco, Huatlatlauhca y, lo más obvio, el clamor de guerra santa en Itzmiquilpan- merece, por cierto, un estudio particular. Si bien deja implícito el por qué, Jeanette Favrot Peterson describe cómo se efectuó la convergencia o, para utilizar un término más acorde con el procedimiento, el montaje conceptual del Hortus Conclusus de la tradición escolástica medieval y del Tamoanchán mexica. Ambas ideas simbólico-filosóficas, tuvieron, en efecto que adaptarse apara acoplarse en las inextricables orlas vegetales, en la jungla orgánica que invade los muros del monasterio de Malinalco. Para comprender estos deslices, Favrot Peterson tuvo que aunar la erudición medievalista, como una amplia comprensión de la simbología nahua. Es uno de los primeros autores, en el campo de las artes plásticas, por lo menos, que intenta, reunir las dos matrices en un sólo aparato teórico (facilitado por los aportes de la semiología estructuralista).
[1] . Jeanette Favrot Peterson: "La flora y la fauna en los frescos de Malinalco: paraíso convergente", XLIV Congreso Internacional de Americanistas "Iconología y Sociedad. Arte Colonial Hispanoamericano", París, 1977, Instituto de Investigaciones Estéticas-UNAM, 1987. |