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Art # od032, "El proyecto"

Por: Olivier Debroise

La Jornada, 10 de junio de 1986
by courtesy of http://www.latinartcritic.com , cortesía de http://www.latinartcritic.com

El proyecto es una construcción mental, una lucubración del imaginario que no se sujeta a reglas o consignas porque, en esencia, no puede -ni debe- concretarse nunca. La realización del proyecto, es obvio, tropieza siempre con obstáculos incontornables, con lagunas y carencias -el freudiano principio de realidad. Así como el guión, el proyecto es una simple trama a partir de la cual se entretejen improvisaciones, aprovechando circunstancias que, en el mejor de los casos, sólo trastornan las intenciones iniciales, modifican la función prospectiva.

Cualquier proyecto se basa, por supuesto, en la realidad, se enraíza en el presente y propone sustanciales transformaciones a partir de datos inmediatos, reales. No es, en ese sentido, una quimera, una fantasía, y menos una utopía.

Construcción fantasmática de la mentalidad precientífica (en el sentido que le da Bachelard), la utopía se alimenta de un determinado estado de las cosas que pretende reformar mediante la organización de una serie de leyes generales, a priori inmutables e indudables. Aun cuando aparece como una ficción absoluta, la utopía intenta ser verosímil y acumula los lugares comunes, clasificándolos con base en supuestas axialogías o afinidades, que propone controlar. El proyecto, por el contrario, refleja el imaginario de la era científica, asume la perversidad intrínseca del progresivismo: se ofrece como movimiento perpetuo, salto adelante, ecuación al futuro, hipérbola. No puede, ni debe, permanecer estática; se tiene que apartar siempre, cada vez más, de la realidad en que se origina (sin dejar de ser, nunca, "realista"). Si no encuentra datos suficientes para seguir en la vanguardia absoluta, tiene a su disposición otros proyectos, anteriores y declarados obsoletos, que se constituyen a su vez en fuente inagotable de realidades, de datos utilizables en la medida en que ya comprobaron su valor de uso.

Ningún proyecto existe solo, todos, paralela y sucesivamente, se relacionan y se sustentan entre sí: una formidable maquinaria que funciona en sincronía, se modifica sin cesar, avanza a compás. Algo así como el sistema financiero internacional: nadie sabe cómo, ni cuándo empezó, si alguien lo dirige desde la sombra o si funciona por inercia, desbocándose a cada paso, preso del pánico. De hecho, la cibernética proyectiva funciona como una economía mental (aunque suele ser más conspicua que la economía política) y, en época de crisis, tiende a convertirse en sistema universal de comprensión del mundo.

La crisis no sólo es económica, aunque este sea su aspecto más visible, la punta emergente de un iceberg de reticencias, voluntades contrariadas, deseos frustrados, miedos y fuerzas aún menos definibles. Al tropezar sistemáticamente con una realidad siniestra, sembrada de terror, las fantasías prospectivas se desatan en la mayoría de los casos, por razones prosaicas: obtener un crédito, financiar una investigación, conseguir un contrato, lograr una negociación, demostrar una habilidad, seducir y ser amado o, sencillamente, exponer un proyecto (y en este caso el proyecto se convierte en un fin en sí, declaradamente irrealizable, finito).

La literatura proyectiva llena libros enteros, toneladas de expedientes, millones de cuartillas a renglón cerrado acompañadas de fotografías, gráficas, dibujos, discos compactos, videos. La industria del proyecto ocupa un sector cada vez más amplio de la población. sintomáticamente, tiende a la baja, desciende, de las altas esferas de las secretarías de Estado, invade ahora los cubículos académicos, los centros de investigación, los laboratorios científicos, las prepas y las secundarias, los estudios de pintores, los escritorios de novelistas, dramaturgos, cineastas, sale del closet, llega a la cocina donde se convierte en verborrea que permite llenar las sobremesas cada vez más extendidas (no hay más que fútbol en la tele). Proyectos nacionales, proyectos de vida, privados y colectivos, proyectos de construcción, de reconstrucción, de defensa, financieros, habitacionales, amorosos. Proyectos irrealizables, pero no por ello desechables: un proyecto, al fin y al cabo, es una trinchera, un acto colectivo de resistencia a la depresión, un estilo de vida mientras dura la guerra, un verdadero fenómeno del imaginario de los años ochenta del siglo veinte.

 
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