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Art # od016, "Utopicas máquinas de imaginar"
Por: Olivier Debroise
Periódico: La Jornada, 7 de diciembre de 1984
by courtesy of http://www.latinartcritic.com , cortesía de http://www.latinartcritic.com

Desde hace tres años, Vicente Rojo pinta México bajo la lluvia, una serie de cuadros estructurados a base de líneas diagonales que atraviesan un cuadrado. La reiteración del mismo esquema, de la misma geometría, podría parecer tediosa sí no fuera producto de una determinación. Rojo precisa un sistema óptico que le permite ahondar -de cuadro en cuadro- lo que realmente le interesa: las variaciones cromáticas, la materia más o menos espesa y sus intervenciones, sobre la estructura "normalizada" del cuadro. Parecidos a primera vista, y reconocibles, los cuadros de Rojo se diferencian todos en los detalles: los elementos geométricos -cuadrados, triángulos, semicírculos, líneas quebradas, etcétera- alternados, confundidos a veces, se relacionan entre si de maneras muy diversas, alteran la percepción al conformar efectos visuales renovados, que resaltan las contingencias cromáticas. Los cuadros de la serie México bajo la lluvia pueden agruparse ahora en épocas. Los primeros, muy rigurosos, casi exclusivamente construidos a base de triángulos alineados en una gama de grises, azules y sienas contrastados con algunas manchas de rojo o de amarillo amacigado. Una etapa luminosa de grises deslavados entreverados con los colores de las casas de México, verdes pálidos, rosas, anaranjados, azules límpidos, y en la que los elementos geométricos se desarticulan. Un periodo austero, por último -paralelo a la elaboración de las esculturas en cerámica que complementan, y no sólo acompañan, la serie. La materia espesa se desprende del cuadro, se resquebraja como una tierra reseca después de la lluvia, y tiras de tela emergen de la superficie, trastornan el esquema escrupuloso. Vicente Rojo retorna, en estos últimos cuadros, a sus orígenes, a los colores opacados -verde oliva, grises y tierras densos- de la serie Negaciones, a los experimentos tridimensionales que anteceden Señales.

Aunque organizados en "series", los cuadros de Rojo no funcionan cinematográficamente -como los trípticos de Francis Bacon, por ejemplo, en los que el orden de los cuadros determina un sentido- sino que se comunican todos entre sí, se responden cromáticamente o desmienten su propia estructura. Remiten unos a otros en todos sentidos. Aisladamente, cada cuadro aparece como una obra acabada, finita; en contingencia con los demás se crea una red intrincada de relaciones ópticas. La dificultad de aprehensión de la obra de Vicente Rojo reside, tal vez, en esa multiplicidad: la misma reiteración, la dimensión obsesiva refuta la aparente sencillez del cuadro (o lo que algunos llamarían su carácter exclusivamente decorativo).

El cuadro puede ser el mismo, siempre, la mirada, excitada por las correspondencias ¿simbólicas? lo ve de distintas maneras, lo destruye (a veces) o lo reinventa, distinto, multifacético. Las máquinas de imaginar de Vicente Rojo siguen -y seguirán- trabajando.

 
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