|
Art
# od012, "Una historia tan
delgada"
Por: Olivier Debroise |
|
Periódico:
Reforma,
Fecha: Lunes, 28 de diciembre del 2000
|
|
by
courtesy of http://www.latinartcritic.com , cortesía de http://www.latinartcritic.com
|
|
Sus
rostros son desconocidos, sus nombres no dicen nada, sus voces fueron
silenciadas, pero Klaus Müller, Gad Beck, Heinz Dörmer, Pierre Seel, Heinz
F., Albrecht Becker aún son capaces de esbozar una sonrisa que tensa los
ojos apergaminados al recordar el descubrimiento de una sexualidad adolescente
en la euforia de la República de Weimar. Sobrevivientes, a sus ochenta
y tantos años (nacieron entre 1902 y 1923) de ultrajes, golpizas, violaciones
colectivas, encarcelamientos en prisiones urbanas y campos de concentración,
exiliados en su propia patria hasta finales de los años sesenta, sólo
pueden expresar su rabia, describir un dolor que aún desgarra sus entrañas
(Pierre Seel), ponerse a temblar con la sola evocación de décadas de silencio
(Heinz F., quien aún no puede, en su soledad, permitir el acceso a su
nombre completo). Artículo
175 (Paragraph 175), el documental de Rob Epstein y Jeffrey
Friedman (Los tiempos de Harvey Milk; Celluloid Closet)
premiado en los festivales de Sundance y Berlín, intenta narrar una historia
muy delgada, plena de ambigüedades y, por ello mismo, borrada incluso
de las historias del Holocausto. Porque los 10 a 15 mil homosexuales internados,
a partir de 1934, en campos de concentración nazi, apenas cuentan (aun
cuando la tasa de mortandad de 70% en ese grupo haya sido la más alta)
ante los 6 millones de judíos, los 200 a 500 mil gitanos, un número indefinido
de presos políticos. Y porque muchos de los 100 mil homosexuales arrestados
en Alemania desde los primeros días del acceso de Hitler al poder en 1933,
bajo el "Artículo 175" del Código Penal que condenaba la homosexualidad
masculina, pudieron franquear la ley gracias a una compleja -y poco analizada-
tolerancia social, redes de camaradería y poder como la que mantuvo a
Ernst Röhm, el jefe de las SA, en el círculo íntimo de Hitler hasta
su sacrificio la "noche de los largos cuchillos" de junio de 1934 (magistralmente
reconstruida por Luchino Visconti en La caída de los dioses/Los malditos
de 1969), a sutiles y casi invisibles lazos afectivos inherentes a
la estructura misma de un régimen construido sobre la dependencia (con
su cariz libidinal) y, por su puesto, a protecciones ofrecidas a cambio
de favores sexuales, fuera y dentro de las cárceles. En 1929,
el poeta inglés Stephen Spender viajó a pie por las riberas del Rín, y
describió, atónito, en El templo (escrito en 1930, aunque sólo
publicado a principios de los 90 por considerarse "pornográfico"), el
hedonismo muy particular de la Alemania prenazi, apenas comparable, quizás
con la "revolución sexual" marcusiana de los 60 y 70. Existe, por lo menos
en términos de una estética convertida en sistema de subordinación, una
fina línea de continuidad entre el desenfreno de la primera posguerra
y la recuperación de estas pulsiones sexuales en el régimen nazi. La profunda
ruptura social y moral, que transformó a Berlín en "capital de la homosexualidad"
en los años 20, no sólo permitió la aparición de cabarets de travestíes
que conmovieron a Auden, Isherwood, Spender y Eisenstein, sino que derivó
en redes solidarias muy sólidas (incluyendo asociaciones deportivas y
naturistas -parecidas a las del "turismo ecológico" actual- que conformarían
luego las juventudes hitlerianas), sustentadas en los primeros estudios
de sexualidad en el del Instituto de Comportamientos Sexuales del doctor
Magnus Hirshfield -cuyas ricas colecciones de artefactos y fetiches sexuales
del mundo entero fueron destruidas tres días apenas después de la toma
de poder de Hitler. El nazismo no anuló esta libido; eliminó (gracias
al "artículo 175" de 1871) su ambigüedad y la "informalidad" que, de la
pintura abstracta hasta las "locas", los travestíes y otras inversiones,
relegó a la categoría de "degenerado". Pero se sirvió hasta la ultranza
de la reafirmación de ciertos caracteres (que son, también, al fin y al
cabo, trasvestismos) para construir el sistema de virilidad "angelical"
de las asociaciones de jóvenes, que en términos estéticos codificaron
el fotógrafo Herbert List, el escultor Arno Breker (ambos, no es casual,
personajes del relato de Spender), el arquitecto-ideólogo Albert Speer
y la cineasta Leni Riefenstahl. Artículo
175 sólo puede, por lo tanto, narrar una historia que no encaja en
las llamaradas de libidinal extravagancia del nazismo, la historia deliberadamente
oculta de aquellos que, como Gad Beck, no quisieron jugar el juego de
la supervirilidad, reivindicaron a la vez su condición de judío y su fascinación
por los muchachos activos, y se vieron atrapados en el ejercicio de su
propia libertad. Aunque conocida, esta es una historia mínima , callada
por aquellos mismos que la vivieron, fueron estigmatizados, y tardaron
casi 60 años en decidirse en hablar. Klaus Müller, curador del Museo del
Holocausto en Washington, investigador y guía de la película, afirma al
inicio de la cinta que es ya demasiado tarde para recuperar esta historia:
a 50 años de distancia, apenas pudo localizar una decena de sobrevivientes,
y algunos ni siquiera aceptaron ser entrevistados. Artículo 175
es una película sobre el silencio -una película de entrevistas entre cuyos
intersticios se filtra el veredicto y la expiación, el horror y la desesperación.
Heinz Dörmer tiene 93 años, y ya no puede responder las preguntas de Klaus
Müller. En un patético intento de obligarlo a recuperar la memoria, un
amigo más joven lo guía hacia el cuarto, ahora abandonado, en el que seducía,
en los años 30, a los muchachos de su brigada. Cuando Dörmer, finalmente,
se decide a hablar, con una voz casi afónica, sólo puede rememorar el
"canto de los bosques", el eco aún perceptible de los muchachos torturados,
atados en posturas aberrantes sobre las fosas abiertas donde caerían sus
cuerpos al final del "canto". Petulante
aún, en su incontenible rabia (quizás por qué, como francés, nunca padeció
ese otro estigma que fue la gran culpa alemana de posguerra), Pierre Seel
expone sus heridas sangrantes y un resentimiento antialemán que no hay
manera de extirpar, ni siquiera ante el entrevistador generoso. Heinz
F., por el contrario, habla del silencio. No habla, en su relato, ni del
hedonismo alemán, ni de los ocho años de cárcel, ni de las torturas, ni
de las vejaciones, sino del silencioso regreso, tan distinto al de los
demás sobrevivientes de los campos de concentración. Para el, no hubo
victoria, ni liberación. Nunca pudo confesar el motivo de su encarcelamiento;
peor aún, nadie, nunca, se lo preguntó, ni siquiera su madre. Heinz F.
permaneció mudo y apenas logra afirmarlo, entre largos silencios, ante
la cámara. El artículo 175 del Código Penal fue derogado entre 1968 y 1970, en ambas Alemanias. Hasta esa fecha, aquellos que cayeron bajo su disposición durante el régimen nazi siguieron siendo perseguidos, y no fueron beneficiarios ni de amnistía, ni del reconocimiento general a las víctimas del nazismo. |
| Derechos Reservados; Consorcio Interamericano de Comunicación, S.A. de C.V., Derecho de Autor 2229-93. Aviso Legal |