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Art # od011, "Olivia Gall: Trotsky en México"
Por: Olivier Debroise
Texto de Conferencia
by courtesy of http://www.latinartcritic.com , cortesía de http://www.latinartcritic.com

A lo largo de las 350 densas páginas de su Trotsky en México, Olivia Gall reconstruye minuciosamente un fragmento de la historia política de México, aquellos años del exilio en Coyoacán del compañero de Lenín y teórico de la insurreción de San Petersburgo de 1917. Por historia política, entiendo no sólo las historias personales de los protagonistas y de sus diversas filiaciones ideológicas, sino una historia conyuntural de sus actos y de sus discursos rara vez elaborada con esta intensidad. En efecto, Olivia Gall se esforzó, de manera apreciable, en rehusar todo tipo de sectarismos, no obstante las inevitables simpatías que se filtran, aquí y allá, en su trabajo, pero siempre parecen ponderadas por su análisis de la calidad moral de sus personajes. En ello, sin duda, le ayudo la distancia del tiempo.

Olivia Gall terminó de redactar su ensayo, en efecto, después de la caída del Muro de Berlín en 1989, después del desmembramiento del antes llamado "bloque soviético" y el supuesto fin, triunfalemnte recibido en todas partes, de la guerra frìa. Es decir, que Olivia concibió su trabajo en el periodo inmediatamente anterior de fisura, destrucción de mitos y paulatina apertura de archivos secretos, voluntaria o involutariamente perdidos. Trotsky en México se ofrece, por lo tanto, como revisión histórica, pero no sólo aporta nuevos elementos, documentos inéditos, sino que abre inexploradas posibilidades de interpretación. Fuera de partidarismos estrechos, el libro de Olivia Gall permite detectar numerosos e increibles "errores", algunos de los cuales fueron deliberadamente promovidos durante cincuenta y tanto años. No pretendo mencionar aquí cuáles fueron estos "errores", cuándo, por qué y por quién fueron introducidos en la historia, a qué motivos y correlaciones de fuerzas correspondían, cómo y en qué nivel incidieron en la vida política de México. Sólo quiero mencionar brevemente, aquellos que aún circulan y afectan, más profundamente de lo que se piensa generalmente (más de lo que yo personalmente creía) ciertas construcciones históricas.

Olivia Gall describe una historia lamentable, una historia de escarnios, linchamientos físicos y morales, hipocresías, tergiversaciones, malos entendidos. Se trata también de una historia criminal y la de los discursos construidos para justificar -si no desmentir- estos crímenes. En medio del panorama desolador que presenta Olivia Gall, sólo se salvan algunas figuras, de diversos tintes políticos: aquellos pocos protagonistas, no es casual, movidos por una ética personal que les otorga cierta libertad de acción y pensamiento por encima de los partidarismos, de las estructuras de poder y de la necesidad de autojustificarse. Entre estos cabe destacar al abogado indentificado con la derecha Luis Cabrera, al Secretario de Obras Públicas de Cárdenas, Francisco Mújica y, aunque parezca paradójico, al propio Lázaro Cárdenas.

En esta historia política los elementos anecdóticos, la histora social o cultural están hasta cierto punto relegados a un papel conyuntural que Olivia Gall sólo utiliza para contextualizar aspectos particulares. En ello, su trabajo de se distingue y complementa el Trotsky de su maestro Pierre Broué, director del Instituto León Trotsky, publicacdo en francés en 1990 y en cuyo proyecto colaborò Olivia. Al emprender, después de Isaac Deutscher -y hasta cierto punto en contra de las tesis del primer biógrafo de Trotsky- este estudio monumental, Broué ofrece un retrato mucho más centrado en la figura misma de Trotsky, a quien sitúa en un contexto histórico general e internacional sin detenerse demasiado en las minucias de la desconstrucción de discursos paralelos a los de Trotsky.

Por el contrario, Olivia Gall concentra su estudio en la interacción entre el teórico marxista y las fuerzas políticas del país semicolonial, periférico y dependiente, aun marcado por el espíritu de la revolución de 1910, que lo acogió en 1937. En cada capítulo, Olivia Gall comprueba, de hecho, cómo la simple presencia y los discursos de Trotsky modificaron, no una, sino varias veces, las fuerzas en acción, incidiendo en los rumbos de la política mexicana. Ya sabíamos, ya lo dijo Carlos Monsiváis en una ocasión, Trotsky en México era como un "hipopotamo en el Lago de Chapultepec", nadie, sin embargo, se había tomado la pena de analizar "las olas" que provocó su inmersión en el lago. Trotsky actuó, en efecto, como un potente reactivo y polarizó los discursos, tanto en el seno de la izquierda como en las altas esferas de la burocracia oficial.

En el cuerpo de su trabajo, Olivia Gall trata menos de la actuación misma de Trotsky -hasta cierto punto limitada por el compromiso personal adquirido con Lázaro Cárdenas de no inmiscuirse en los asuntos internos del país-, como de las reacciones, de las tomas de partido y de los discursos en su entorno. Revela, notablemente las posturas divergentes y hasta contradictorias de las dos principales fuerzas de la izquierda, la Confederación de Trabajadores de México -en particular, la postura pública siempre en el filo de la navaja de Lombardo Toledano-, y la del Partido Comunista de Hernán Laborde y Valentín Campa, así como las mucho menos visibles disenciones provocadas por la llegada de Trotsky en el interior de la minúscula sección mexicana de la IV Internacional y sus escasas organizaciones afiliadas. También desmonta la actitud de la derecha mexicana y de algunos, asimismo minúsculos, sectores independientes.

Esto puede aparecer a primera vista como una carencia del estudio de Olivia Gall, ya que deja de lado o sólo trata colateralmente algunos episodios de sobra conocidos (los pormenores de la visita de Breton, por ejemplo), no obstante, es quizás una de sus mayores virtudes: sólo así, en efecto, logra el análisis desmistificante de "la vida política en el periodo de Cárdenas", verdadero título de su trabajo.

De cualquier modo, al describir las fuerzas en acción en este breve periodo de la historia de México, al situar a las figuras que tomaron cartas en el asunto Trotsky y al intentar una interpretación de sus motivos, Olivia Gall levanta unas liebres monumentales. Agazapadas desde los primeros años de consolidación del estado-nación mexicano postrevolucionario, emergieron brevemente a causa del "asunto Trotsky" para volver, después, a sus madrigueras. Y en esta oscuridad se convirtieron en mitos históricos.

El exilio mexicano de Trotsky y su muerte violenta en agosto de 1940 en Coyoacán ingresaron en efecto, desde hace por lo menos dos décadas, en las mitologías culturales. Basta citar a colación el éxito de librerías de las memorias del Leandro Sánchez Salazar, el policía mexicano encargado de investigar el asesinato, o las del criminalista Alfonso Quiroz Cuarón, o la compleja novela al estilo John Le Carré de Jorge Semprun, La segunda muerte de Ramón Mercader, sin contar con la horrorosa y simplista película de Joseph Losey bien conocida. La mitificación, en esta caso, no sólo se debe al papel de víctima que se le atribuyó a Trotsky -aun cuando, todos sus actos desde el exilio tendían a comprobar justamente que no era ninguna víctima, sino un activista incallable-, se debe también -y el estudio de Olivia Gall subraya este aspecto- a la envergadura de las figuras que gravitaron en sus alrededores y, así como fueron marcados por el destino de Trotsky, incidieron e inciden aún en la mitificación del caso. Ahí es donde Olivia Gall, como sin querer, arrasa, y deja escapar a las liebres.

Dejándole al lector del libro el gusto de descubrir los pormenores de los hechos descritos por Olivia Gall, solo quiero mencionar de paso algunos de los casos que, después de leer su libro, requieren minimamente ser repensados y analizados más a fondo. Me limitaré a ejemplos que atañen a la historia cultural, sólo porque es el campo que mejor conozco.

Olivia Gall revela y comprueba en las primeras páginas del libro la participación del líder cubano Julio Antonio Mella en la constitución de la Oposición de Izquierda en el seno del PCM de los últimos años veinte. Este episodio, "borrado" de la historia, impone una nueva lectura de su violento asesinato una noche de enero de 1929, en las calles de Abraham González. Obliga inmediatamente a redefinir el papel que jugó su amante, la fotógrafa italiana Tina Modotti, que lo acompañaba aquella noche. Un turbulento año después, bajo una falsa acusación de intentar asesinar al presidente Ortiz Rubio, Modotti fue expulsada de México y embarcada a la fuerza rumbo a Europa. En el mismo barco se encontraba como lo comprobó la investigadora alemana Christine Barckausen-Canale su nuevo compañero, el también italiano Vittorio Vidali, alias Eneas Sormenti alías Carlos Contreras. Después de diez años de militancia en la matriz moscovita del Socorro Rojo Internacional y de varias misiones secretas por Europa, la pareja Vidali-Modotti reaparece en México, semanas antes del primer intento de asesinato contra Trotsky en mayo de 1940 y todo parece indicar que, desde las oficinas del Edificio Ermita donde operaba, Vidali fue el autor intelectual de los diversos complots que culminaron con el crimen de Coyoacan de agosto de 1940.

El periodo 1927-1929, aunque no del todo claro, parece merecer un estudio por sí sólo. No sólo se trata de uno de los episodios cruciales de la consolidación del estado mexicano postrevolucionario, con las conocidas pugnas entre serranistas, escobaristas, callistas y obregonistas y la aparición de la Oposición de Izquierda en el PCM que coincide asimismo con la pugna Stalin-Trostky en Moscú, de la que fueron testigos David Alfaro Siqueiros y Diego Rivera, entre otros mexicanos. Si bien, como afirma Olivia Gall, David Alfaro Siqueiros fue agente de la GPU desde 1928, Diego Rivera aparentemente empezó a inclinarse por la Oposición de Izquierda aproximadamente en las mismas fechas. Olivia Gall limita la militancia trotskista de Diego Rivera a los años 1935-1939, pero sus simpatías trotskistas se remontan, por lo menos a 1933, si no antes, en 1929, con su defensa de la entonces aparente militante de la OI, Tina Modotti (Modotti incluyó un epígrafe de Trotsky en su célebre declaración La fotografía debe ser fotografía y nada más, que fue borrado en las sucesivas ediciones del texto).

Entre otros elementos reveladores, Olivia Gall menciona la postura cercana a la OI de los hermanos Revueltas hacia 1927-1929, así como la casi nula participación política de Frida Kahlo, que siempre se alineo sobre las posturas de su marido. Todos estos personajes, ahora ampliamente conocidos y estudiados, considerados como figuras esenciales de la cultura mexicana, gravitaban alrededor de Trotsky entre 1937 y 1940. Parafraseando una cita de Philippe Chéron incluida en el libro de Olivia Gall, ¿Creyeron estos artistas que la revolución socialista implicaba la tortura y el asesinato? Unos más, otros menos, todos tuvieron que ver en las definiciones del momento y, por ende, con la muerte del lider ruso. Quien más, David Alfaro Siqueiros, su hermano y otros miembros de su familia, participaron personalmente este es el episodio más conocido en el fallido ataque del 24 de mayo, por lo cual fueron inculpados y desvinculados del PCM en un intento de exonerar al Partido de toda vinculación en actos terroristas. Ante la imposibilidad de negar estos hechos, Siqueiros construyó en los años cuarenta un discurso justificatorio particularmente atroz cuya retorcida retórica avalan algunos aún en nuestros días. Uno de los argumentos de esta retórica es la acusación de inconsecuencia política de Diego Rivera, a la que se suma ahora la acusación de macho despertada por la reivindicación de precusorsas del feminismo de su "amiga" Tina Modotti y su esposa Frida Kahlo.

Este es sólo un botón de muestra de las aportaciones del libro de Olivia Gall. Implican una sola cosa: o bien nos quedamos con las versiones archiconocidas, o todo ello merece, por lo menos, un suplemento de investigación. Lo menos que le podemos agradecer a Olivia Gall, es abrir estas fisuras, y abrirnos los ojos.

 
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