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Art
# od104, "Pedro Slim"
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Abril de 1997 Por: Olivier Debroise |
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courtesy of http://www.latinartcritic.com , cortesía de http://www.latinartcritic.com
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La serie de fotografías que Pedro Slim presenta por primera vez de forma conjunta, realizadas en un periodo de varios años en la intimidad de un estudio en penumbra que es a la vez hogar y teatro, se sitúan en la convergencia de, por lo menos, tres géneros o, quizás sea mejor escribir, de tres tradiciones fotográficas: el retrato, la representación de "tipos populares" y el desnudo. Ninguno de estos géneros, obviamente, queda perfectamente definido, conserva su integridad, con este "tratamiento". El mélange interfiere las pretensiones de cada uno, desvirtúa el sentido original de las imágenes. Quizás sea necesario, entonces, ir por partes Pedro Slim "recoge" en las calles de la ciudad de México y sus alrededores, a "tipos populares" masculinos y los instala en el escenario sombrío de su estudio. La operación, en sí, es artificial y provocadora: "afuera" queda el contexto de la vida cotidiana, real o representada. A diferencia de algunos de sus ilustres antecesores (August Sanders, por ejemplo, en su descripción de "tipos" alemanes de la preguerra o, en el caso mexicano, de las series decimonónicas de François Aubert y Cruces y Campa, para sólo citar los más célebres), Pedro Slim rehuye de apoyos visuales externos. Los personajes en estas fotos no exhiben alguna herramienta que identifique su profesión, su estatus social. Las únicas guías, de hecho, son las vestimentas y las marcas corporales; pero éstas denotan más la época que otra cosa: las camisetas adornadas, los pantalones guangos de cintura muy alta heredados del cholismo losangelino, el indiscreto resorte de los calzones que aflora en la cintura, los tatuajes y los cortes de pelo, son rasgos de los años noventa, pero intersociales y que definen más que nada la pertenencia a una generación. Las cicatrices, quizás, expuestas en algunos casos como trofeos, pueden guiar al "lector" de estas imágenes, inducirlo a otras interpretaciones; éstas, sin embargo, pertenecen más a la subjetividad de cada uno al modo del punctum de Roland Barthes; de ninguna manera se encuentran en el objeto de la fotografía Este tratamiento frío y descontextualizado del "tipo popular" evade, por lo tanto, la lectura "social" de las imágenes. Sobre el fondo negro del ciclorama, en ese aislamiento absoluto del sujeto, Pedro Slim desvanece las "historias de vida", una lectura "antropológica" de los personajes De hecho, el único dato que aporta el fotógrafo, es el primer nombre o tal vez el apodo de sus personajes. La tradición de los "tipos" se encuentra, por lo tanto, invalidada por la del retrato. Ambos géneros, aquí, se sobreponen. La manera de fotografiar, distante, hasta cierto punto respetuosa, con el personaje de pie, de cuerpo entero, pertenece al primer género; las actitudes, sin embargo, son más naturales, frescas, libres que en la tradición de la representación "oficial" de un oficio. Pacientemente logradas a través de una lenta "domesticación" del sujeto, aun cuando dentro del rígido marco de la fotografía en blanco y negro, revelan una intimidad, una simpatía entre el sujeto de la fotografía y el "ordenador", el fotógrafo. Las sonrisas, ciertas coqueterías con la cámara (sobre todo entre los sujetos más jóvenes), la misma timidez en la postura de los brazos o en los pies que se cruzan, aquí o allá, sólo pueden darse en la atmósfera de complicidad intrínseca al retrato fotográfico; revelan la imposición de la personalidad del retratado sobre la del fotógrafo. Algunos de los personajes de las fotografías de Pedro Slim accedieron a posar desnudos en su estudio. Se podría pensar que los que lo hicieron sin falso pudor, tienen experiencia -por decirlo de alguna manera- profesional. En ese sentido, serían los únicos en exponerse como objetos de deseo y en presentar los atributos de su oficio. Si bien eso es cierto en algunos pocos casos, no lo es siempre. Más allá de un homoerotismo latente, que permea la serie completa de imágenes, los desnudos no se inscriben aquí en las convenciones de la pornografía comercial, ni del erotismo codificado de cierta "fotografía artística" en boga, al estilo Bruce Weber o, aunque con algunos matices, Robert Mapplethorpe. Lo que hace, quizás, la diferencia, se encuentra en las miradas, directas, precisas, de los sujetos, y en algunas de sus actitudes corporales. Si bien se trata de exposición del propio cuerpo, de un exhibicionismo en extremo controlado por el fotógrafo, se trata a la vez de una puesta en escena de la dignidad que se opone en sus fundamentos a los cánones del desnudo erótico. De ahí la incomodidad que emana de estas imágenes. No tanto la incomodidad (visible en varias fotografías) de los sujetos, sino la perturbación del espectador, poco acostumbrado a ser interpelado de manera tan sutil y violenta a la vez Los desnudos y semidesnudos de Pedro Slim, además, abren una interrogante acerca de la relación al propio cuerpo, a la desnudez y a la exhibición, de un amplio sector de la sociedad mexicana. ¿Podrían estas mismas fotografías haber sido tomadas en Francia o en Alemania, en Estados Unidos o en Argentina? Lo dudo (pero esto es una opinión absolutamente personal). |