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Art # jo001, "Coleccionar  a la mexicana"
Por: James Oles
Periódico: Reforma Fecha: 22 septiembre 1999
by courtesy of http://www.latinartcritic.com , cortesía de http://www.latinartcritic.com

Escena en una casona regiomontana: "¿Y el Tamayo sobre la cama, señora?" "Bueno, ese mi marido compró en una subasta en Nueva York, en 60 mil dólares". En México, como en cualquier país, muchos, por adquirir obras de arte, se autodefinen como coleccionistas, cuando en realidad son simples compradores. Ambos grupos pueden querer un mayor estatus social, decorar, invertir, apoyar a "sus" artistas, pero el coleccionista auténtico tiene una visión, si no una meta más profunda, que rige (y, de alguna manera, limita) sus adquisiciones. Los grandes coleccionistas saben exactamente qué tienen, y por qué. Este año, el Museo de Arte Carrillo Gil (MACG) ha presentado tres exposiciones que nos permiten explorar parte de la historia del coleccionismo de arte en México. En la primavera, ofreció selecciones de dos colecciones particulares de arte contemporáneo internacional, entre las más destacadas del país: la de los tapatíos Pepis y Aurelio López Rocha, y la de la Fundación Jumex, ambas formadas en años recientes; actualmente, a manera de contrapunto histórico, se exponen obras de José Clemente Orozco adquiridas a partir de 1938 por Alvar Carrillo Gil.

Alrededor de 1869, el político mexiquense Felipe Sánchez Solís proyectó una "galería de pinturas y antigüedades mexicanas" (incluía los famosos cuadros El descubrimiento del pulque y El senado de Tlaxcala, hoy en el MUNAL), e inició así la vertiente nacionalista que predominaría entre los coleccionistas de arte en México. Sin embargo, y no obstante los esfuerzos tempranos de Marte R. Gómez, María Asúnsolo y algunos extranjeros radicados en el país (Frederick Davis, Salomon Hale), las principales colecciones mexicanas se empezaron a formar a finales de los 40, con el auge económico de la posguerra. Carrillo Gil llenó su casa con cuadros de Orozco y Siqueiros, mientras Lola Olmedo reunió la mejor colección de obra de su íntimo amigo, Diego Rivera. Jacques y Natasha Gelman (cuya colección de obra mexicana sigue en su interminable gira por el mundo) privilegiaron a Frida Kahlo y a Gunther Gerszo, aunque compraron un poco de todo. En contraste, Andrés Blaisten, quien ha creado una extraordinaria colección de cuadros de la "escuela mexicana" en las últimas dos décadas, tiene poco interés en pintores ya consagrados. Lo nacionalista de estas colecciones no reside solamente en la predilección por tal o cual pintor, sino en el orgullo de recuperar -a veces- obras anteriormente vendidas en el extranjero.La actual exposición en el MACG demuestra las ventajas de tan amplias colecciones monográficas. Incluye todos los periodos de Orozco, con muchas de sus obras claves, sin ningún préstamo. La organización temática -a partir del cuadro La Victoria (1944)- no queda muy clara, aunque la presencia de cédulas didácticas ayuda a una lectura detallada. Por primera vez en muchos años, se exhibe gran parte de la serie titulada "Casa de Lágrimas", acuarelas melancólicas y amargas que Orozco realizó durante la Revolución, con temas sacados de los burdeles capitalinos (lamentablemente, varias se han deslavado con el tiempo). La historia de la vertiente internacionalista es mucho más corta. Alrededor de 1917, como diplomático en Europa, Alberto Pani empezó a comprar obras de viejos maestros europeos (ahora resguardadas en el Museo de San Carlos), aunque hay que notar que siempre llegaba tarde a las ventas: en muchos casos se quedó con copias u obras menores. La única amplia muestra de arte internacional del siglo veinte, que hoy se puede apreciar en México, es la de Rufino Tamayo. Pero desafortunadamente, Tamayo fue mejor pintor que coleccionista: adquirió la mayoría de sus cuadros a través de intercambios con amigos y con la Marlborough, su galería neoyorquina (que parece haberle traspasado obras invendidas). Circulan rumores de cuadros de Cézanne y Renoir escondidos en haciendas morelenses y mansiones neoleonenses, pero de todos modos, el nacionalismo siempre dominaba en México.

Es mucho más difícil evaluar las colecciones López Rocha y Jumex, que tienen su enfoque en el arte internacional de los 80 y 90. Como siguen creciendo, son "obras" en proceso, más que colecciones ya terminadas como las de Carrillo Gil o Tamayo. Ambas revelan que el prestigio ya no se ubica tanto en afirmar glorias nacionales, sino en situarse en el mundo de las bienales y ferias de arte internacionales, reflejo hasta cierto punto de la globalización económica y política. No obstante la presencia de artistas de renombre (Mike Kelley, Jac Leirner, Donald Judd, Felix González Torres, Gabriel Orozco, entre muchos), y el gran esfuerzo atrás de estas colecciones, ninguna tiene visión precisa todavía: más que nada, enfatizan los mismos autores de las mismas exposiciones, ratificados por los mismos curadores y críticos, tanto en México como en el extranjero, en vez de investigar (o inventar) algún tema novedoso. Como contraparte, cabe pensar en la colección de fotografía internacional formada por el fotógrafo Pedro Slim, presentada hace poco en el Centro de la Imagen bajo el título de "Intimidades". En vez de simplemente buscar nombres, Slim ha creado una visión completamente personal y única, enfocada en la sensualidad de la piel, de los cuerpos, de los rostros, algo que habla más del coleccionista, que de su poder de compra.

 

 

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