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Art
# ej009, "La ciudad, algunas ciudades, el orden y el caos, etc...
Primera parte: Reflexiones sobre el sino de nuestras ciudades " Ex Teresa Arte Actual |
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Por : Enrique Jezik |
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courtesy of http://www.latinartcritic.com , cortesía de http://www.latinartcritic.com
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El crecimiento de las ciudades en México y en el torpemente llamado Tercer Mundo es un buen ejemplo de sistema entrópico en los que el desorden va en aumento, a pesar de los intentos por establecer (o más bien imponer) un orden sobre el aparente caos. Generalmente esa imposición de orden termina siendo más bien de carácter político, mientras en los rubros del desarrollo urbano la voluntad ordenadora muchas veces va a desembocar en su contrario. Veamos un par de ejemplos: "Cuando actúas sobre una metrópoli sobreedificada, tienes que abrirte camino con un hacha de carnicero. Simplemente voy a seguir construyendo..." Si bien estas palabras suenan a dictador latinoamericano (me recuerdan en particular al brigadier Cacciattore, quien gobernó Buenos Aires en épocas de dictadura obsesionado por abrir autopistas en la ciudad, cayera quien cayese), quien las dijo fue Robert Moses, considerado por algunos como el responsable de las mayores transformaciones de Nueva York en la primera mitad del siglo XX . Constructor, entre otros monumentos, de la autopista del Bronx, que desgarró aquellos barrios populosos convirtiéndolos en campo de ruinas, en tierra de nadie. Esa obra en particular es un buen ejemplo de generación de desorden a partir de la voluntad de imponer orden y progreso; también marca el fin de diversos lugares (en términos de Marc Augé) para hacer surgir un claro ejemplo de no lugar: la autopista, lugar de paso por excelencia. Otro ejemplo podría ser el proceso que llevó a la demolición del conjunto habitacional de Pruit-Igoe, en Saint Louis, construido en 1955 según la más pura ortodoxia del funcionalismo arquitectónico de Le Corbusier y dinamitado el 15 de julio de 1972 (fecha que algunos teóricos de la arquitectura señalan como la defunción del movimiento moderno y el nacimiento del Posmodernismo) luego de haber sido llevado al caos social por sus propios habitantes, que nunca lograron ordenar sus vidas según las reglas impuestas por la modernidad. Sin embargo, la destrucción no es la única reacción posible a los intentos de ordenaminento de las ciudades. En nuestros países, y en especial en las ciudades mexicanas, el proceso que se ha ido gestando es más una suerte de fagocitación de las normas y las estructuras rígidas por una pléyade de factores sociales que buscan (y encuentran) formas múltiples de supervivencia. Y así podemos ver, aquí cerca, cómo todo tipo de espacios supuestamente de paso, no lugares, son tomados por asalto (literalmente, muchas veces) y convertidos en lugares "de identidad, relacionales, históricos", usando palabras de Augé. Lo anterior es uno de los emergentes de lo que Guillermo Santamarina, curador de la exposición Supermodernismo (improvisado), señala en el texto de presentación, en el que toma como uno de sus múltiples puntos de partida el análisis por Hans Ibelings de la globalización arquitectónica. Santamarina escribe que "Ibelings -como muchos de nosotros- reconoce una transformación radical en sistemas y organismos que aún alguien identifica como los más aptos. (...) esas 'variaciones extremas' en nuestros entornos más familiares han agudizado las diferencias entre el discurso del progreso displicente apoyado por la alta tecnología y la energía de los contextos particulares (o en ciertos casos -como México- la realidad ajustada por la medida emergente, con uso de materiales baratos, el reciclaje y la improvisación, instrumentos de sectores sociales desdeñados)." En un gesto heterodoxo, el equipo curatorial convocó a los técnicos de montaje de Ex Teresa a que crearan con total libertad una estructura arquitectónico-escultórica que articularía el espacio de exhibición (la nave central de la antigua iglesia). La extensa construcción hecha con materiales sobrantes de anteriores museografías (que habitualmente son reciclados y maquillados según las necesidades de cada nueva exposición), creado por el grupo de técnicos (autobautizado Y le ponemos Jorge) es el nodo estructural que va a definir nada menos que las relaciones espaciales entre las distintas piezas creadas por los artistas. Y tambien va a condicionar (o al menos a influir en) la percepción que el público pueda tener de ese espacio y, por supuesto, de las obras. Un ejemplo: para poder ver los videos del colectivo chiapaneco es necesario subir por una rampa hasta lo que parece ser un puesto de observación, una plataforma elevada. Pero al llegar allí es difícil no intentar una experiencia estereoscópica (destinada a un fracaso que quizá sea victoria de la misma exposición) contemplando (y tratando de sacar algo en limpio de esa contemplación) a la vez esos videos y la proyección de Zoo-sónico que, sobre la pared del altar (allá al fondo) discurre sobre las tribulaciones del confín de América Latina, la Frontera de Dos Mundos. Bajo la plataforma mencionada un conjunto de avioncitos de juguete penden de sus propias (absurdas) trayectorias dibujadas con alambre por Los Tremenditos..., mientras una suerte de mezzanine fue aprovechada por Los Lichis para ubicar sus monitores. Sobre las mamparas que conforman parte de la obra de Y le ponemos Jorge se alternan pinturas de Mario Lafontaine (que ironiza burdamente sobre sucesos recientes usufructuando imágenes del comic) con textos que sirven como anclaje para el discurso abierto que campea en la muestra. Y en un corral adyacente, varios conejos se ven obligados por Damián Ortega a convivir con la arquitectura de Ex Teresa y su representación gráfica. Otra sección, construida como armazón para un techo ausente, fue elegida como refugio para la serie de fotografías de Gabriel Acevedo en las que un transeúnte no deja de caerse en las calles por las que camina. Supermodernismo (improvisado) reúne a cinco individuos (Pilar Echezarreta, Damián Ortega, Pablo León de la Barra, Gabriel Acevedo y Mario Lafontaine) y cuatro grupos provenientes de distintas ciudades del país: Los Lichis (Monterrey), Los Tremenditos de Tuxtla Lindo (Tuxtla Gutiérrez), Zoo-sónico (Tijuana), Y le ponemos Jorge (Distrito Federal) en algo parecido al caos, desde donde reivindica la vitalidad pre-tecnológica y las soluciones a contracorriente de los centros de poder y llama la atención sobre la necesidad de reflexionar "sobre cómo vivimos ahora (...) y qué es lo que puede seguir..." |
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