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Art
# cm030, "Gunther Gerzso:
una violencia metafórica"
Por: Cuauhtémoc Medina |
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Periódico:
Reforma,
México, D. F., 23 de abril del 2000
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by
courtesy of http://www.latinartcritic.com , cortesía de http://www.latinartcritic.com
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Gunther Gerzso solía contar que de niño brincoteaba sobre las rodillas de un hombre que solía visitar a su tío, un anticuario de Suiza. "Yo no lo sabía entonces -decía disfrutando de antemano el efecto que habría de producir en su interlocutor- pero ese hombre tan serio y de traje era Paul Klee." La anécdota reforzaba la idea de que Gerzso era un brote transoceánico de la abstracción europea. Para muchos sus geometrías derivaban del rigor constructivo de la Bauhaus, su visión abstracta del paisaje era la de Mondrian y la ingravidez de sus espacios tenía un parentesco indudable con las invenciones de Moholy Nagy o de Lissitsky. Pero Gunther Gerzso era un caso extremo de la complejidad de los modernismos en Latinoamérica, y la historia de intersecciones fragmentarias entre culturas, épocas y visiones aparentemente incompatibles del arte de la región. La perfección asombrosa de sus pinturas tenía que ver con las obras flamencas e italianas que su tio compraba y vendía en el periodo de entreguerras. Su manera de pintar al óleo a partir de un dibujo detalladísimo de todas las formas en blanco y negro, que progresivamente iba cubriendo de capas delgadísimas de pintura, lograba recrear la luz interior de los cuadros de Jan Van Eyck. Pero la iridiscencia mineral de sus superficies le recordaba el engobe de la cerámica de Tlatilco o el pulido de las hachas de jadeita de los Olmecas. La desolación interior de sus "paisajes" era ciertamente afín al espíritu de Ives Tanguy o a Roberto Matta, pero frecuentemente el punto de partida de esos cuadros de paisaje/figura de Gerzso había sido la simplicidad de un torso prehispánico de Nayarit o la sucesión de taludes y frisos de la arquitectura maya de la zona Puuc. Su meticulosidad, sentido del orden y hasta sus maneras personales eran aquellas de un micro-cirujano. No obstante, las imágenes que creó despiertan asociaciones de violencia metafórica, enceguecimiento y una convulsión interna que ha llevado a algunos a pensar en Sade. No es por nada que se ha dicho que Gerzso era un artista inclasificable. Quizá por haber creado una obra tan seductora como lacerante y hermética, Gunther Gerzso solía provocar textos críticos excepcionalmente diáfanos. John Golding sostuvo que Gerzso inauguraba una nueva categoría del surrealismo, que afirmaba la habilidad del arte abstracto para transtornar nuestra percepción de lo real. Octavio Paz diagnósticó en un ensayo titulado "La centella glacial" que las "superficies desgarradas, laceradas, hendidas por un frío ojo-cuchillo" de sus cuadros, sugerían la intención de "ir más allá de la imagen," que también era la obsesión del sadismo. Por su parte Luis Cardoza y Aragón decía que había que ver cada cuadro de Gerzso con la misma la sencillez con que se contempla un cielo estrellado: "Quien no sienta su tensión, escribió Cardoza, tampoco sentirá la sencillez del ágata o del fuego." No es un secreto que para varias generaciones de pintores y públicos ir a ver los Gerzos del Museo Carrillo Gil era refugiarse con la mejor pintura moderna en México. Hoy que Gerzso ha muerto sin duda le harán homenajes, pero eso no debe ocultar que desperdiciaron la oportunidad de haberlo coleccionado dignamente. |
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