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Art
# cm029, "Lírica
megalópolis"
Por: Cuauhtémoc Medina |
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Periódico:
Reforma,
México, D. F., 5 de abril del 2000
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by
courtesy of http://www.latinartcritic.com , cortesía de http://www.latinartcritic.com
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Atravezar las grandes aguas, ¡ventura! (1999-2000) de Silvia Gruner pudiera ser un ejemplo de cómo las alusiones objetuales del arte contemporáneo son capaces de ejercer una suerte de narración oblicua acerca de la compleja gama sentimental de los habitantes de las megalópolis. La video-instalación es evidentemente una metáfora del desencuentro amoroso. En dos proyecciones, situadas en paredes opuestas en la sala de exhibición, dos manos (masculina y femenina) se deslizan por los barandales amarillos de los pasos peatonales en los viaductos del D.F., enmarcando el alud interminable de los automoviles. En una tercera pantalla, las manos descansan agarradas del barandal, sugiriendo un estado de reconciliación a pesar del barullo del tráfico. La herida que las avenidas de significan para la urbe se transmuta así en una referencia al trauma de la subjetividad. Similarmente, uno pudiera interpretar Reparar (2000) —un políptico fotográfico de grietas en el suelo restañadas con durex— como una condensación lírica de una aerofotografía y un exabrupto neurótico personal. El aura melancólica del estado de cosas de una ciudad latinoamericana se convierte así en un código lírico de la frágilidad íntima. Esta constante equiparación entre la situación microscópica urbana y lo personal, entre la suerte del objeto y lo sentimental, que ha dominado la obra reciente de Gruner se hace evidente desde el título de la retrospectiva que presenta el Museo Carrillo Gil. “Circuito interior” es por supuesto el sistema de vías rápidas de la ciudad. Es también un concepto abarcador para el recorrido de intensidad anímica que propone la exhibición de Gruner. La muestra es una más de las revisiones antológicas con que el Carrillo Gil se ha propuesto destacar el arte mexicano contemporáneo. La primera ala del museo aloja ejemplos y documentación de varios de los objetos, instalaciones, fotografías y videos donde Gruner examinó en los años 90 la colindancia entre historia, aura material, corporalidad, inmundicia, transgresión iconológica y memoria cultural. Se trata, sin duda, de una de las exploraciones conceptuales latinoamericanas más importantes de la década, desde algunos ejemplos de los Fetiches domésticos (1992) donde Gruner experimentó con la objetualidad espiritualmente cargada del mundo campesino, hasta los elementos fundamentales de la instalación El nacimiento de Venus (1995) donde en un mismo proceso de asociaciones desplegó las tensiones existentes entre subyugación del mundo indígena, exterminio judio y silenciamiento cultural. Si el conjunto será más que sorprendente para el público, quizá despierte en quienes vieron las exhibiciones e instalaciones de Gruner en los años 90 cierta preocupación por el carácter fragmentario, demasiado apurado y apretado y, por tanto, impreciso con que el museo desplegó ese recorrido. El problema seguramente deriva de cierta indecisión curatorial que no atina a optar entre una exposición individual de obra contemporánea y una verdadera revisión de obra pasada que requeriría al menos del doble de espacio, un proceso de investigación más a fondo y hacer viajar las exposiciones por diversas instituciones en México y el extranjero. En casos como el de Gruner donde esa retrospectiva estaría justificada se haría neacesario reconstruir al menos una instalación original. Quizá por eso, salvo las obras contemporáneas, museográficamente lo mejor de la muestra sea la larga sala donde se documentan las películas, videos y video-fotografías de Gruner. No extraña en absoluto pues el video y la fotografía, a diferencia de objetos e instalaciones, suelen crear su propio espacio virtual. Esos reparos no me impiden decir que la exposición debería ser imprescindible para quienes se interesen por familiarizarse con el extraordinario salto metodológico, temático y político que significó el cambio de la práctica artistica en México en los años 90. Resulta por demás revelador del contacto estrecho que este arte ha trazado con la tensión actual del país que la obra de Gruner, en su tránsito del aura rural a la erosión de la urbe, haya recorrido de lado a lado los polos del imaginario mexicano, sin perder de vista el mismo problema: el poder de subversión de los objetos. |
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