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Art
# cm028,
Keynes en Polanco Santiago Sierra Galería Kurimanzutto. Permanencia voluntaria Por: Cuauhtémoc Medina |
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Periódico:
Reforma,
México, D. F., 17 de mayo del 2000
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by
courtesy of http://www.latinartcritic.com , cortesía de http://www.latinartcritic.com
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| Keynes en
Polanco Santiago Sierra: Muro de una Galería arrancado para ser inclinado a 60 grados del suelo por cinco personas. Jueves 4 de mayo 2000. Galería Acceso A, Alejandro Dumas 124-4, Polanco. Galería Kurimanzutto. Permanencia voluntaria, Minimax, Plaza Loreto, San Angel, 27-29 de Abril 2000. ¿Quién no conoce los placeres mórbidos de ver trabajar a otros, la fruición incontenible con que los viandantes se asoman por entre las rejillas de los sitios en construcción para ver limpiar un vidrio o atestiguar la demolición de un edificio? Estoy seguro que al lector, como a mi, le ha cruzado por la cabeza la fantasía decadente (digna de un cuento de Arreola) de establecer un teatro donde se muestren procesos simples de trabajo a cambio de una cuota de entrada. Una experiencia similar es lo que Santiago Sierra propuso en su última acción en un espacio de artistas en Polanco. Ni más ni menos que la transformación de una tarea inútil inducida por un salario, en un voyeurismo de clase, problemático lo mismo para visitantes y participantes. Durante varias horas cinco trabajadores de la construcción sostuvieron un muro divisorio de tablarroca sobre sus cabezas a razón de un ángulo de 60 grados desde el suelo. Por un lado, la acción produjo una serie de estructuras objetuales que daban repaso casual a varios de los capítulos de la escultura americana de los años sesenta y setenta, particularmente las rutinas materialistas de la obra de Robert Morris. Desde un extremo de la galería el muro intacto creaba una poderosa estructura elemental de un plano inclinado que recordaba momentos de Tony Smith y Richard Serra. Vista desde el lado de los trabajadores, la pieza evocaba el performance Site de Morris, en tanto los escombros y proceso de trabajo iban dejando en el suelo trazos y fragmentos no del todo ajenos a los resultados de la escultura de procesos anti-forma. En tanto, el contraste entre el ocio de los visitantes de la galería, algunos vestidos de gala, y la tortura física de los trabajadores reducidos a una tarea extenuante y absurda producía una situación a la vez alegórica y cínica que reflejaba la difícil posición ética del mundo del arte en un país como México. Por casi tres horas los obreros, apenas ayudados con una escalera de mano que servía de contrafuerte, evitaban el colapso del muro, en clara alusión a un lento derrumbe de la galería misma y metafóricamente del mundo del arte. Para el público resultaba incompresible cómo es que los trabajadores no se hartaban simplemente de su tarea y soltaban la pared sobre el suelo. Para los trabajadores ha de haber sido doblemente intrigante por qué se les encargaba una función irracional, al tiempo que eran fotografiados y grabados en video incesantemente. La acción propuesta por Sierra operaba como un desafio implícito a la lógica productivista del capitalismo moderno. Parecia cercana a la famosa recomendación de Joseph Maynard Keynes de combatir la recesión económica y el desempleo contratando trabajadores para abrir trincheras, para que otros obreros las taparan de noche. Por otro lado, arrojaba una luz mortecina sobre la base social sobre la que se ha venido construyendo el arte mexicano contemporáneo en su uso de la mano de obra barata local. En conjunto, la acción sugería la formulación de una estrategia conceptual inédita surgida del choque entre el materialismo del minimal y las condiciones de explotación del tercer mundo. En los últimos dos años el trabajo de Santiago Sierra (Madrid, 1966) se ha concentrado en la exhibición descarnada de la estructura de poder del contrato salarial, convertida tanto en un principio de ejercicio escultórico como en un medio de reflexión sobre la política del tiempo, el valor, la libertad y el cuerpo modernos. Mediante acciones donde Sierra impone a trabajadores tareas del todo inútiles bajo la forma de un servicio remunerado, ha construido un principio inédito de meditación sobre la economía política. De hecho, podríamos decir que Sierra ha encontrado un modo perversamente eficaz para replantear la olvidada problemática de qué significa la compra de la mano de obra desde la óptica de la libertad. El objeto de exhibición no es tanto una estructura material, como el sistema social de control y obediencia económica. Quizá Sierra simplemente pone a prueba los límites de la paciencia de los seres humanos en el tiempo de la generalización de las relaciones mercantiles. Doblez.... Desde su apertura formal el pasado agosto de 1999 con una venta de múltiples artísticos en el mercado en la colonia Roma, la galería kurimanzutto ha explorado la posibilidad de un establecimiento comercial deliberadamente extra-muros. A fin de no sujetar la producción de los artistas contemporáneos a la situación preestablecida de una locación arquitectónica o una actitud social preestablecida, kurimanzutto es la primera galería en México que trabaja sin local de exposición, pues orienta su actividad a crear intervenciones específicas. En Permanencia Voluntaria los kurimanzutto presentaron, a casa llena, una muy notable selección de videos de artistas internacionales y de la galería, desde los clásicos Rock is my religion de Dan Graham y Dial for history —el ensayo sobre aerosecuestros que realizó Johan Gimonprez para la pasada Documenta— hasta un hilarante video de Jonathan Hernández donde un juez en una competencia de atletismo es herido por una jabalina. Sin duda, la sorpresa mayor de la serie fue la presentación de la recopilación Sangre y Pantimedias que compendia las obras tempranas de artistas asociados al grupo Temístocles: Damian Ortega, Daniel Guzmán, Luis Felipe Ortega, y Abraham Cruzvillegas. A la distancia ver a Cruzvillegas siendo rutinariamente azotado contra el suelo por Daniela Rosell, quien lo tropieza una y otra vez ayudada de un bastón, o las ya clásicos Remakes de Luis Felipe Ortega y Daniel Guzmán que rehacen acciones conceptuales de los años 70, deja a las claras la originalidad de ideas de la generación de los 90 mexicanos. Y como alguien comentaba, la situación de un cine, con butacas y palomitas incluidas, obligaba al espectador a una relación contemplativa con el video dificilmente posible en la sala de exhibición. Uno puede ver este esfuerzo de kurimanzutto como un excitante intento de refutar la visión objetualista de la galería convencional. Pero también como una indicación del futuro comercializado de la práctica curatorial de nuestros días. |
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