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Art # cm023, "El oscuro placer de las multitudes"
 Por: Cuauhtémoc Medina
Periódico: Reforma, México, D. F., 13 de junio del 2001
by courtesy of http://www.latinartcritic.com , cortesía de http://www.latinartcritic.com

Enrique Metinides. Fotógrafo. Museo Universitario de Ciencia y Arte.
Ciudad Universitaria. Todos los días, de 10:00 a 18:00 hs.
Hasta junio 15.

En 1946, a la edad de 12 años, Enrique Metinides publicó su primera fotografía en La Prensa, el diario al que habría de dedicar más de medio siglo en su carrera de fotoperiodista. Como él mismo confesó
en una entrevista para la revista Luna Córnea (no. 9, 1996), apenas su padre le regaló una cámara Brownie Junior, se dedicó a "retratar los coches chocados que iban a parar a la delegación y los que se estrellaban en la boya de San Cosme y Altamirano". Esa fijación por las tragedias hizo que, aun muy joven, quedara adscrito a la fuente de la Cruz Roja. Prácticamente montado en el estribo de las ambulancias de rescate, Metinides capturó con su lente una interminable sucesión de catástrofes que (como la ciudad misma) sólo se pueden medir en cifras astronómicas: miles de cuerpos de atropellados y chocados, toneladas de hierros retorcidos de trenazos y camionazos, cientos de ahogados flotando en ríos y desagües, espectaculares incendios en gaseras, edificios y gasolineras, un sinnúmero de intoxicados, carbonizados, baleados, ahorcados y accidentados, para no hablar de docenas de suicidios, los exitosos, los frustrados y los arrepentidos. Todo ello procesado por un humor negro y un voyeurismo social seductoramente perversos.
Por sobre todo, la lente de Metinides captó de modo insistente dos aspectos característicos de la vida en esta megalópolis. Por un lado, la relación directa entre negligencia, corrupción, miseria urbana y muerte "accidental".
Por terrible que resulte, es a través de la fotografía de la nota roja (o más recientemente, los grotescos programas televisivos de reportaje amarillista) que los medios registran de soslayo el modo
en que viven los marginados, el aspecto de las ciudades perdidas o la cotidianidad de los espacios desdeñados de la ciudad. Las tomas de Metinides prueban con toda puntualidad el grado en que la falta de planeación, la abulia gubernamental o la irresponsabilidad de gaseros, transportistas y funcionarios hizo de esta ciudad una capital de los desastres.
Por otra parte, Metinides no sólo alimentó, sino que además
documentó el incontrolable morbo de las multitudes. Si algo hace las fotos de Metinides memorables es que, además del muerto, la explosión o los hierros retorcidos de un tranvía, su cámara retrata masas de curiosos que se arremolinan en torno del espectáculo de una tragedia, presos de un raro e indefinible placer. Gente que, asqueada y exaltada, se atropella para mirar de cerca a un niño carbonizado que los socorristas sacan en una camilla, espera anhelante a que la perturbada dama finalmente se decida a saltar de lo alto de la torre Latinoamericana; se trepa desesperada al tope de bardas para ver mejor un siniestro, o posa junto con los policías y víctimas para salir en el periódico. Metinides registra la presencia de una multitud que, como quería el escritor inglés Tomas de Quincey, reafirma la modernidad de sus gustos en "el derecho de encontrar placer en un incendio o abuchearlo, como cualquier otra función que genera expectativa en el público para luego defraudarlo".
Por eso, aun si parte de la obra de Metinides se dio en series narrativas, algunas de las cuales (por ejemplo, una notable secuencia casi constructivista del rescate de un suicida entre los andamios del Toreo) se exponen en la muestra, no creo que el punto de vista del cine sea lo determinante en su estética. Es el protagonismo del mirón lo que distingue sus fotos de los legendarios registros de crímenes, incendios y detenciones que Weegee, el maestro de la foto negra, captó en Nueva York entre los años 30 y 60. A pesar de la influencia del cine negro y de haber trabajado durante la era dorada del fotoperiodismo mundial, la fotografía de Metinides tiene una estética barroca, directa y despiadada que tiene más que ver con el punto de vista del curioso callejero que cualquier referencia artística.
Es probable que desde las páginas de la prensa popular y amarillista, Metinides y sus colegas han contribuido más a formar el ojo colectivo que ninguno de los artistas o fotógrafos profesionales en el México del Siglo 20. Sin embargo, la exposición del MUCA, siendo la primera que se le dedica, no es en absoluto la revisión histórica o crítica que el fotógrafo o el género merecerían. Es evidente que el archivo de Metinides requiere ser rescatado y adquirido por alguna institución pública: muchas de las imágenes que se exponen son internegativos, pues el original fue dado a la prensa en su momento, y la mayor parte de las impresiones tienen rayaduras y problemas de contraste que requieren restauración. Pero, además, la muestra carece de cualquier aparato crítico u organización curatorial interna. Luis Gallardo, el curador de la muestra, pensó que era preferible "poner de lado" la poca información que el fotógrafo contaba sobre algunas imágenes, pues no podía proporcionar datos completos sobre todas las obras. Ni siquiera se ofrecen al público fechas aproximadas de las tomas. Según Gallardo, una presentación puramente visual sacaría estas fotografías de su contexto periodístico para hacernos valorarlas "estéticamente", como parte de la constante discusión sobre la noción de obra de arte de la contemporaneidad. Ambos argumentos, me parece, no son del todo convincentes. Las imágenes de Metinides conservarían su efecto hipnótico sin importar que se les añadiera un mar de información, y una curaduría es por definición el manejo de una masa desigual de datos. Tampoco creo que ver estas fotos como "arte" les haga ganar en impacto emocional y visual. Por el contrario, nos hablan de la autonomía y especificidad de la fotografía mucho más elocuentemente que la foto artística profesional. Pues son los productos de una visión mecánica retratando las catástrofes propias de la era de las máquinas.

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