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Art
# cm022, " Gustos efímeros
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Por: Cuauhtémoc Medina |
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Periódico:
Reforma,
México, D. F., 11 de julio del 2001
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by
courtesy of http://www.latinartcritic.com , cortesía de http://www.latinartcritic.com
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Las molestias
son temporales, las mejoras permanentes.
Recuerdo
pocos eventos como Las molestias son temporales... que hayan puesto en
escena de manera tan imaginativa esas contradicciones. Mario García,
un joven curador y artista originario de Monterrey, invitó a una
decena de artistas a intervenir el tercer nivel del Museo Carrillo Gil,
al mismo tiempo que ahí se llevaban a cabo obras para reemplazar
el sistema de iluminación. La idea era provocar la interferencia
entre la actividad de los trabajadores y técnicos y la presencia
de una variedad de instalaciones artísticas que debían incorporar
el carácter accidental de una situación cambiante. La invitación
indujo a los artistas a experimentar varias estrategias de intervención
y proceso in situ: el "H. Comité de Reivindicación
Humana" (HCRH) dibujó su logo en una alfombra de sal de cinco
metros que se irá desdibujando con el paso de los trabajadores;
Sofía Taboas levantó una red de macetas de enredaderas que
en pocos días irá creando una densa maraña vegetal,
e Ismael Merla proyecta sobre el techo un video de un "hombre basura"
que parece caminar en el falso plafón. Curiosamente, el caos del
entorno opera mejor con aquellas obras que buscaban imponérsele
visualmente o, por el contrario, se disuelven en el entorno. La teatralidad
de una banda de colores de video que Stephan Bruggeman pintó a
tamaño mural (No program, 2001) se volvía especialmente
irónica y enfática. Más que pretender una unidad temática, ésta es una exposición que aborda metafóricamente el funcionamiento de la cultura de nuestros días. Por un lado, lo provisional del proyecto evoca el carácter inestable del internet, cuya arquitectura está, como se sabe, perpetuamente "en construcción". Por otra parte, la curaduría se proponía ocupar el tiempo vacío que en los programas de los museos locales produjo la simulación de transición cultural del último año: simbolizar, pero también sacar provecho, del impasse de la política cultural que ha pospuesto la actividad cultural en pos de una promesa imprecisa. Pero por sobre todo, el proyecto atina a describir un tipo prevaleciente de sensibilidad que salta de una especie de conceptualismo ligero y un decorativismo postminimal hacia la atracción por lo subcultural. Una actitud artística que se siente más cómoda en el imaginario del reventón que alimentando las demandas discursivas y críticas del mundo del arte. Es en la forma que algunas obras creaban diálogos interclasistas en que quisiera concentrarme. La muestra jugaba con una imagen de marginalidad que, si bien derivaba del hecho de que los artistas habrían de compartir el espacio con los electricistas y albañiles, no por ello dejaba de ser sintomática. De hecho, dos piezas de la muestra cedían su participación a intervenciones "proletarias". Los empleados de mantenimiento del Museo, agrupados bajo el membrete de "Tamaño.com", construyeron un pequeño jacal de lámina donde pusieron un maniquí que simulaba a un hombre acuchillado por la espalda. Este Apocalipsis? (2001) transmitía una visión de violencia callejera muy del México de los 90: una especie de Kienholz subalterno. Frente a él había un mural hecho por dos aerosoleros, Bacter y Dink, que representaba una orca saltando por encima de un graffiti que decía "Liberen a Willy" en tipografía casi ilegible. El mural había sido comisionado por el "Atlético", un colectivo que, al parecer, se rehúsa a producir obras de arte más allá de una serie de stickers y fotografías que difunden en un sitio de la red. Ambos gestos
curatoriales eran profundamente ambiguos: lo mismo podían implicar
entusiasmo por las formas directas del gusto callejero que un uso oportunista
de la energía de otros. A diferencia de otros momentos en la historia
del arte, el interés de estos artistas por la marginalidad tiene
menos que ver con una idealización política que con una
búsqueda de intensidad. En reciprocidad, quizá sea posible
hablar de cómo ciertas prácticas conceptuales son, en realidad,
una especie de vulgarismo refinado. |
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