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Art # cm012, "Artesanías alegóricas"

Periódico: Reforma, Miércoles 2 de agosto del 2000

 Por: Cuauhtémoc Medina

by courtesy of http://www.latinartcritic.com , cortesía de http://www.latinartcritic.com

Pedro Reyes: "Macramé en Psico-Horticultura". Arte In Situ/ La Torre de los Vientos, Periférico Sur S/N frente a Perisur. Sábados 30 de julio y 5, 12 y 19 de agosto de 12 a 17 hrs. hasta el 20 de agosto.

–Angel Ricardo Ríos: Mi Casa. Galería Nina Menocal, Zacatecas 93, col. Roma. Hasta el 28 de agosto.

Desde 1996 Pedro Reyes (México, 1973) ha usado la escultura de Gonzalo Fonseca, La Torre de los Vientos para alojar obras in situ de multitud de artistas y arquitectos: intervenciones puntuales que dialogan con un espacio físico y simbólico concreto. La energía que ha concentrado el proyecto puede deberse a cómo ilustra las tensiones entre las prácticas actuales y la escultura urbana. Mientras la torre del uruguayo Fonseca se ajustaba a la intención de Mathias Goeritz de infundir a la escultura de "formas elementales" la monumentalidad religiosa de las civilizaciones antiguas, los proyectos curados por Reyes asumen la crisis ética, política y artística de la escultura urbana: la repugnancia ante la idea de erigir objetos autoritarios, materialmente ostentosos e ideológicamente pretensiosos y el apego a la sensibilidad reciente que no parece apasionarse por la unidad contemplativa/decorativa de la obra tradicional cuando se le confronta con el efecto polimorfo de la ciudad.

Era de esperarse que en su primera individual Pedro Reyes emprendiera también el cuestionamiento del rol de la escultura para involucrarla en un proceso de investigación irracional colectivo. La tónica del Macramé en Psico-Horticultura es el tono tangencial, seudoutópico, espuriameante ecologista y vagamente doméstico con que el proyecto orienta sus investigaciones. Como la obra de Fonseca asemeja una Torre de Babel, Reyes creó en su interior unos jardines colgantes hechos con charolas metálicas, colgijos de alambre de gallinero y envases de refresco que alimentan plantas con gel para hidropónia. La idea del jardín como símbolo de felicidad forma parte de la intención de Reyes de conducir un seminario/laboratorio sobre el tema de las asociaciones libres que surgen de tejer horticultura y mente. Con un pequeño equipo de colegas (artistas y no artistas) se propone investigar (entre otras cosas) la relación entre el efecto psicológico de "elevación" que produce arreglar plantas y la verticalidad que sugiere el espacio interno de la escultura. Así, sugiere la fantasía de una reflexión arborescente que debería ser capaz de proyectar ideas "audaces" a partir de las resonancias psicológicas de la jardinería: la desaparición del vegetarianismo, el uso de joyas vegetales y la instauración de cursos de "superación vegetal", etc.

El tono ligero del proyecto es coincidente con la actitud de tibia nostalgia por las utopías vanguardistas y escepticismo acendrado de los artistas jóvenes ante sus fantasías políticas. Habrá que esperar a ver los resultados del mes en que Reyes desarrollará el proyecto. Sin embargo, quizá el espíritu de laboratorio de la obra no se hubiera alterado con desplegar ante el público una mayor elaboración material e intelectual: por ejemplo hubiera podido alzar una estructura vegetal más barroca, juguetona, y seductora que la que hasta el momento tiene instalada. También el seminario hubiera podido especificar con mayor precisión sus métodos. Habrá que ver si el proyecto habrá de generar la hiperactividad sensorial o sobrecarga intelectual que el artista espera.

Doblez…

Hay una extraña tensión entre el tono melancólico y amenazador que adoptan las los muebles de Angel Ricardo Ríos cuando están pintados en cuadros al óleo y carbón y el aspecto invitante y juguetón que tienen como prototipos/esculturas de madera, tela, metal, almohada y fibra de vidrio. En todo caso Ríos (Holguín, 1965) es uno de los últimos artistas de la migración de artistas cubanos a México de principios de los años 90 que quedan entre nosotros. Él ha venido trabajando sobre una juxtaposición de las imágenes y emociones de la casa, el mueble y el cuerpo con un lenguaje que parte de la estética de la escultura suave Pop de Claes Oldenburg de los años 60, pero inyectado de un sentido narrativo clásicamente latino. Algunos muebles de Ríos son funcionalmente muy divertidos: un par de sillones que parecen pirámides invertidas y que no abren el hueco del asiento sino hasta que uno se posa dentro de ellos o una poltrona que surge de dentro de una pirámide de madera con ruedas, que bien pudiera ser utilería de un ballet. En otras ocasiones, el efecto es de engaño conceptual y ornamental: unas mesas que semejan cajones y en cuya cubierta hay una fotografía de una almohada, dos clósets con cojines que les brotan a los lados como tentáculos. Ríos ha dejado atrás una etapa donde esos muebles eran meramente fantasiosos, simples materializaciones de sus cuadros, para enfocarse en sus posiblidades reales de uso. Ríos conecta con una sensibilidad de parte del arte cubano que fetichiza el objeto de consumo por haber vivido su ausencia. Mientras que sus óleos están todavía muy enclavados en una nostalgia por el espacio de confort individual (de ahí sus elementos de terror) los muebles parecen sugerir el surgimiento de un diseño neo-barroco tropicalizado. Habrá que apuntar, no obstante, que el riesgo de no inclinar el proyecto ya hacia un lenguaje más complejo o hacia la producción como tal, es convertir a la galería en una mueblería de precios exorbitantes.

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