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Art # cm009, "Los límites de la anécdota"

Periódico: Reforma, Miércoles 4 de octubre del 2000

 Por: Cuauhtémoc Medina

by courtesy of http://www.latinartcritic.com , cortesía de http://www.latinartcritic.com

Helen Escobedo: "Estar y no estar". Museo Universitario de Ciencias y Artes, Ciudad Universitaria. 21 de septiembre 2000 a febrero 2001.

A un costado de la Rectoría Universitaria, hay un híbrido de bicicleta y Volkswagen. A primera vista uno la tomaría como una intervención casi utópica donde los llamados "bicitaxis" del centro de la ciudad reciclarían a los automoviles. Pero el título de este Bicivocho para circular en el Zócalo cuando lo cierren al tráfico lo constriñe a servir a una narrativa apocalíptica acerca de la crisis urbana. Para reforzar esa comicidad, se le han añadido en la cajuela trasera una serie de objetos y mercancías que lo describen como de clases bajas. Al obligarlo a funcionar como historieta , Escobedo le resta capacidad evocativa y conceptual. Lo limita a ilustrar una anécdota.

Helen Escobedo (1934) ha sido una de las artistas que más ha contribuido al desarrollo de la escultura mexicana de la segunda mitad del siglo XX. Su rol como catalizadora de proyectos culturales no se queda atrás. Su gestión al frente del MUCA de la UNAM en los años sesenta y setenta es aún recordada como el momento más significativo de la institución. Su libro sobre Monuentos mexicanos (1989), es uno de los viajes más elocuentes que puedan hacerse a través del capricho, grandilocuencia y humor involuntario de la estatuaria de paises como México. Pero lo fluctuante de su carrera, su paso por la escultura cinética, el monumentalismo abstracto de la "Ruta de la amistad", la investigación de la inmaterialidad de estructuras de alambre instaladas en el paisaje, su participación en la creación del Espacio Escultórico, y sus intervenciones y escenificaciones efímeras, prueban tanto su vitalidad e inquietud como la careencia de una línea coherente de investigación. . Casos como el suyo pusieran en evidencia la falta de un contexto social y argumental para la escultura mexicana contemporánea antes de los noventa, tanto por el anacronismo de la estatuaria pública, como por la falta de identidad de la arquitectura moderna local con la cual interactuar, y lo tardío de la crisis del arte tradicional. .

Esa falta de foco se muestra en la debilidad conceptual y descuido general de factura que afecta a la mayoría de las quince ambientaciones de Escobedo.. Se trata de proyectos ideadoss a partir de dibujos. Ese origen gráfico no sólo se hace explícito por el hecho de que el MUCA ha decidido exhibirlos junto a las instalacionnes. Las obras tienen un aspecto escenográfico y teatral: no tanto la construcción de una experiencia del material, las ideas y el espacio, como la traslación literal de una imagen al volumen. Que el Museo pueda exhibir los dibujos como tales es signo de lo superfluo de su realización. Incluso podría decirse que en el proceso de abandonar el espacio "ideal" del papel, las obras pierden verosimilitud. Para ser realmente eficaces requerirían de una fabricación minuciosa, hiperrealista, casi diríamos que hollywoodense. Nada más artificial que la ilusión de naturalidad, pero la artista identifica "efímero" con "desenfadado," y eso genera una sensación de falsedad.

Por ejemplo, enLa triste historia de un carrito (cinco carros de supermercado en grados sucesivos de destrucción) los errores de representación provocan distracció. Cuando las marcas de humo en la pared fueron visiblementee hechas con una vela, es imposible provocar la sensación un verdadero incendio. Por lo demás la temática de las obras oscila entre el lamento por la crisis urbana y ecológica, y situaciones que buscan más la sonrisa que la reflexión. Muchos de los bocetos de ambientaciones de Escobedo pertenecen de lleno a la caricatura. Algunas de estas narraciones son francamente simplonas: Piso verde , igual que en muchas animaciones de la Warner Brothers, sugiere que alguien pintaba el piso para quedar atrapado por error en una de sus esquinas. Tampoco sus observaciones políticas parecen del todo agudas. Muerte si fin... alinea una hilera de bultos mortuorios de petates frente a un gran diorama del Valle de México antes de ser cubierto por la mancha urbana y el smog. Consultorio y dispensario simula un consultorio para practicantes de adivinación y medicina alternativa. En ambos casos, hay una nostalgia por un orden irrecuperable, más que una verdadera interacción con la abigarrada densidad política postmoderna. Comparada con la invención de una terapia material/física de Lygia Clark, la denuncia de Escobedo de las esoterias resulta poéticamente empobrecedora.

Escobedo no parece tomar en cuenta que el público está acostumbrado a un alto grado de ilusión, por lo que todo intento de provocar deja vu requiere de efectismo. Quizá es por el hiperrealismo del media que las ambientaciones de Kiennholz o de Tadeuzs Kantor, dos artistas que Escobedo parece tener en mente, parecen hoy más acartonadas que lo que parecía en su tiempo. Curiosamente, es en la obra más cercana al diseño de Kantor que Escobedo obtiene el estado onírico que buscaba en sus demás piezas. Silencio recordado agrupa una serie de estuches de instrumentos musicales de todos tamaños, sumergidos en polvo y abandono. La música y baja iluminación consigue abstraerlos. En lugar de reproducir o "denunciar" una tragedia leída en el periódico, Escobedo consigue un efecto fantasmal. Una ilusión que el resto de las obras jamás alcanzan.

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