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Art # cm007, "Un útero postindustrial"

Periódico: Reforma, Miércoles 15 de noviembre del 2000

 Por: Cuauhtémoc Medina

by courtesy of http://www.latinartcritic.com , cortesía de http://www.latinartcritic.com

Héctor Zamora: a=360°r/R. Torre de los Vientos: Arte In Situ. Periférico Sur s/n, frente a Perisur. Septiembre 30 a Ocrtubre 29, 2000.

Entrar en la ambientación a=360°r/R era como sufrir una regresión hacia la absoluta hospitalidad e indiferenciación del útero materno. Pero ese retorno al comfort del origen era resultado de una estética de pureza técnica y absoluta artificialidad. Héctor Zamora (1974) instaló una membrana hecha de tela elástica de color blanco, similar al material de las medias de mujer, que cubría por entero el espacio interior y los muebles de concreto de la torre/escultura localizada frente a Perisur que sirve de albergue a proyectos in situ de arte contemporáneo. Pocas veces he visto un sitio de exhibición tan transfigurado como éste. La membrana de nylon provocaba la ilusión de que el espacio se había derretido bajo la luz angelical que descendía desde un tragaluz en el techo, que por cierto asemejaba un ombligo abstracto. La suavidad de la estructura, la ausencia de elementos diferenciados, el acolchonamiento del espacio, todo convocaba la idea de librarse del orden de lo vertebrado con sus implicaciones de articulación, lenguaje y función. Casi era como dejarse engullir por una anémona.

Zamora es arquitecto y se ocupa de calcular las estructuras flexibles que, con cada vez más frecuencia, se usan en la edificación high tech contemporánea. Gracias a su destreza técnica, determinó exactamente la forma que la tela había de tomar para envolver por entero el espacio cónico al interior de la torre de los vientos, al punto de que sólo dos personas podían entrar en la obra sin provocar que se rasgara. El título de la pieza es, de hecho, la fórmula algebraica que calcula la superficie de este volumen: a=360°r/R. Sólo mediante un cálculo ingenierilmente impecable era posible la puesta en escena de este espacio biomórfico total. Esta era una ambientación que se percibía pues como un algoritmo de nylon.

Para recorrer la instalación, había que quitarse los zapatos. A esa liberación ficticia se sumaba la experiencia de ir flotando entre una serie de flashbacks de escenas fílmicas. Era inevitable pensar en los espacios de comfort futurista/primitivista de Barbarella o de Odisea 2001 en el espacio, y en las parejas fajando sobre la arena en una de las escenas culminantes de Zabriskie Point de Antonioni. Por encima de todo ello venía el recuerdo de la estética biomórfica del diseño italiano de los años sesenta. La rebelión "neumática" que permeó la estética groovie del primer postmodernismo.

A fechas recientes ha habido un renacimiento del interés en el diseño y pensamiento neumático de tres décadas atrás: esa crítica ultraestilizada al racionalismo meramente instrumental del modernismo y la cultura de guerra fría, que humanizó al objeto mercantil para complacer al hedonismo de la sociedad de la opulencia.

Motivos profundos explican que, a principios del nuevo milenio, atestiguamos un revival de esta estética de reconciliación física, no-conceptual, casi prelingüistica entre lo ultramoderno y la corporalidad, característico de los años cincuenta y sesenta. El ascenso espectacular del neoconcretismo brasileño al canon artístico contemporáneo se explica por el modo en que las esculturas, acciones y ambientes de artistas como Helio Oiticica, Lygia Clark, Lygia Pape, Sergio Camargo o Mira Schendel contraponen una subversión intuitiva y erótica a la soleminidad reductivista, protestante y administrativa del conceptualismo hard core y el minimalismo americanos. Es factible imaginar la ambientación de Zamora como un desarrollo a gran escala de la tactilidad y fragilidad de los "objetos relacionales" e instalaciones terapeuticas de Lygia Clark, o de la acción O Divisor (1968) de Lygia Pape, donde el publico carioca transitaba por dentro de una enorme lona blanca llena de perforaciones por las que sacaba la cabeza, activandola como una escultura cinética de horizontalidad monumental. Es patente la cercanía de la obra de Zamora con el trabajo de artistas brasileños actuales como Ernesto Neto, si bien es posible que Zamora lo haya superado con creces en disolver el objeto escultórico en una presencia ambiental. Pero esta exploración de estructuras participativas suaves, neumáticas y ergonómicas también se produjo a mediados de los años 50 en Japón con los trabajos a base de globos y telas de Akira Kanayama y Atsuko Tanaka, entre otros miembros del grupo Gutai. Para ellos se trataba, en efecto, de expresar una visión de que los materiales también eran seres vivos, donde la vieja cultura caduca de preguerra era cancelada procesos que no tenían otro significado sino la naturalidad.

Estructuras lúdicas como las de Zamora señalan un momento en que la crítica del funcionalismo ha despertado una gran curiosidad por las visiones alternativas de un diseño hedonista y antiautoritario. Quizá sea lógico que las especulaciones de arquitectos como Buckminster Fuller, o la ligereza y polivalencia de las techumbres paraboloides del español-mexicano Felix Candela, hayan vuelto a ocupar nuestra imaginación. El capitalismo tardío nos ha sometido a una experiencia sin precedentes de volatilidad social y cultural. Concebir espacios que mantengan nuestro comportamiento tan libre y lúdico como sea posible resulta reconfortante. Obras como a=360°r/R son la construcción de pequeños paraisos de calma maternal. El revival de los 60 puede verse así como la aspiración de crear heterotopías de reposo en medio del caos postindustrial.

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